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Entrenamiento de fuerza: la clave para sostener el hábito de moverse

La falta de tiempo, el dinero y la pérdida de motivación son los principales obstáculos para sostener una rutina de actividad física en Argentina. En este contexto, el entrenamiento de fuerza se consolida como una herramienta clave para mejorar la salud, prevenir lesiones y favorecer un envejecimiento activo.

Cada vez más argentinos entienden la importancia de mantenerse activos, pero sostener una rutina sigue siendo el gran desafío. Según la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte (ENAFYD 2023), la principal causa de abandono es la falta de tiempo (79,4%), seguida por la falta de dinero (51,7%) y el cansancio o la pérdida de motivación (46,5%). El problema ya no es convencer a la gente de hacer ejercicio, sino encontrar formas de que ese hábito se sostenga en el tiempo.

El auge del entrenamiento de fuerza

En ese escenario, el entrenamiento de fuerza ganó protagonismo. Lo que durante décadas estuvo asociado casi exclusivamente a la musculación o al alto rendimiento, hoy ocupa un lugar central en las recomendaciones de salud por sus beneficios metabólicos, su aporte a la movilidad, la prevención de lesiones y el envejecimiento saludable.

Lejos de ser una práctica reservada para atletas, las guías de actividad física del Ministerio de Salud de la Nación —alineadas con la Organización Mundial de la Salud (OMS)— recomiendan realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana, como complemento de la actividad aeróbica.

Lo que durante décadas estuvo asociado casi exclusivamente a la musculación o al alto rendimiento, hoy ocupa un lugar central en las recomendaciones de salud por sus beneficios metabólicos, su aporte a la movilidad, la prevención de lesiones y el envejecimiento saludable. 

De lo estético al bienestar integral

Este cambio acompaña una nueva forma de entender el ejercicio. Entre quienes nunca hicieron actividad física pero desean empezar, el principal motivo es cuidar la salud (95,1%), seguido por mantenerse en forma y mejorar el bienestar general, según la misma encuesta. La búsqueda ya no responde solo a objetivos estéticos: también hay un deseo de sentirse mejor, tener más energía y construir hábitos sostenibles.

Mitos que todavía persisten

Pese a la evidencia, algunos mitos siguen alejando a las personas del entrenamiento de fuerza:

  • «Es solo para jóvenes»: puede adaptarse a cualquier edad, incluidos adultos mayores, donde es clave para prevenir la sarcopenia.
  • «Es una actividad exclusivamente masculina»: no hay fundamento fisiológico que lo sostenga; los beneficios aplican a todos los géneros.
  • «Hacer pesas reduce la flexibilidad»: entrenado correctamente, con rango completo de movimiento, el trabajo de fuerza no compromete la movilidad y puede mejorarla.
Para los especialistas, la discusión ya no pasa por elegir entre cardio o fuerza, sino por entender que cumplen funciones complementarias.

Fuerza y cardio, no fuerza o cardio

Para los especialistas, la discusión ya no pasa por elegir entre cardio o fuerza, sino por entender que cumplen funciones complementarias. La actividad aeróbica sigue siendo fundamental para la salud cardiovascular, mientras que el entrenamiento de fuerza se consolidó como uno de los principales aliados para mantener la movilidad, prevenir lesiones y favorecer un envejecimiento activo.

Cinco claves para empezar sin abandonar a las dos semanas

  • Frecuencia realista: entrenar fuerza entre 2 y 3 veces por semana es suficiente para obtener beneficios.
  • Técnica antes que carga: aplicar el principio de sobrecarga progresiva, aumentando el peso gradualmente a medida que la técnica se afianza.
  • Priorizar grandes grupos musculares: aunque lo ideal es trabajar todo el cuerpo, los grandes grupos musculares deben tener mayor protagonismo en la rutina.
  • Combinar con trabajo aeróbico: fuerza y cardio juntos potencian los beneficios para la salud general.
  • Buscar orientación profesional: contar con la guía de un especialista es clave para que el programa de entrenamiento sea seguro y esté adaptado a cada objetivo.

La evidencia es cada vez más clara: el entrenamiento de fuerza dejó de ser un nicho para convertirse en una herramienta central de salud pública, accesible para cualquier persona dispuesta a empezar de forma progresiva y acompañada.

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