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Belgrano, más allá de la bandera: el proyecto de país que hoy interpela a la Argentina de Milei

A 206 años de su muerte, la figura de Manuel Belgrano invita a revisar mucho más que un símbolo patrio. Defensor de la educación pública, la industria nacional y un Estado activo en el desarrollo económico, sus ideas contrastan con el modelo de ajuste y achicamiento estatal que impulsa el Gobierno nacional de Javier Milei.
Foto: Gemini.

Cada 20 de junio, la Argentina recuerda a Manuel Belgrano como el creador de la bandera. Sin embargo, reducir su legado a ese símbolo es dejar de lado una de las figuras más lúcidas y avanzadas de la historia nacional. Belgrano no solo fue un revolucionario de la independencia: también fue un pensador que imaginó un país basado en la educación, el trabajo, la producción y la soberanía económica.

Mucho antes de la Revolución de Mayo, Belgrano ya reflexionaba sobre las condiciones necesarias para construir una nación próspera. En 1796 sostenía que la felicidad de un pueblo dependía de que «las artes se hallen en manos de hombres industriosos» y de que el comercio se realizara con «frutos y géneros suyos». La riqueza, para él, no provenía únicamente de los recursos naturales, sino de la capacidad de transformarlos mediante el trabajo y el conocimiento.

Por eso fue uno de los primeros defensores de la industria nacional. Frente al modelo colonial que reservaba a estas tierras el papel de proveedoras de materias primas, Belgrano proponía agregar valor a la producción local. En una de sus memorias más conocidas escribió: «Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse».

Retrato de Manuel Belgrano. Foto: Gentileza.

Y advertía: «La importación de mercancías que impide el consumo de las del país, o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo, lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación».

Su pensamiento económico rechazaba la idea de una economía limitada a exportar productos primarios. Consideraba que agricultura, industria y comercio debían actuar de manera complementaria para generar riqueza y bienestar. De allí una de sus frases más citadas: «Ni la agricultura ni el comercio serían suficientes para establecer la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria».

Manuel Belgrano también entendía que el desarrollo requería una fuerte intervención pública. Consideraba que las manufacturas locales necesitaban protección y estímulo estatal para crecer. Lejos de confiar en que el mercado resolvería por sí mismo los problemas económicos, sostenía que el gobierno debía orientar y promover las actividades productivas.

Otra de sus preocupaciones centrales fue la educación. En 1798 presentó lo que muchos historiadores consideran el primer proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria en estas tierras. Creía que ningún país podía progresar si mantenía a su población en la ignorancia. «¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que haya ciudadanos honrados y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza?», se preguntaba.

Su mirada era extraordinariamente avanzada para la época. Defendió la creación de escuelas públicas en las ciudades y en la campaña, impulsó la formación técnica y promovió la educación de mujeres y varones en igualdad de condiciones. Para Belgrano, la educación no era un gasto: era una inversión estratégica para el desarrollo nacional.

El trabajo ocupaba también un lugar central en su pensamiento. Observó con preocupación la pobreza de amplios sectores de la población y denunció la concentración de la tierra en pocas manos. En 1810 escribió que «todo hombre sea un propietario» debía ser uno de los objetivos fundamentales de cualquier sociedad que aspirara a la felicidad colectiva. Entendía que el acceso a la tierra, junto con salarios dignos y oportunidades de capacitación, era indispensable para combatir la miseria y promover el progreso.

Belgrano incluso alertó sobre los riesgos del endeudamiento externo. «Los rivales de un pueblo no tienen medio más cierto de arruinar su comercio que el tomar interés en sus deudas públicas», advertía, vinculando la soberanía económica con la independencia política.

Javier Milei con la motosierra en campaña electoral. Foto: Gentileza.

En el contexto actual, resulta imposible no contrastar aquellas ideas con las políticas que la gestión de Javier Milei implementa desde diciembre de 2023. Los recortes en educación, universidades, ciencia, cultura, salud y obra pública forman parte de una concepción del desarrollo muy distinta a la que sostenía el creador de la bandera. Del mismo modo, la apertura económica y la confianza en las fuerzas del mercado contrastan con la defensa que Belgrano hacía de la industria nacional y de la intervención estatal para protegerla.

Por eso, es preciso recordar que detrás del prócer existió un proyecto de país concreto. Un proyecto que vinculaba la libertad con la educación, el trabajo con la dignidad y la soberanía política con la capacidad de producir y desarrollarse.

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