La crisis industrial argentina sumó en la última semana una nueva ola de cierres, quiebras y despidos masivos que golpea a distintas provincias del país y expone el deterioro del aparato productivo durante la gestión de Javier Milei. Un relevamiento realizado por NEA HOY arrojó que en Tierra del Fuego, Tucumán, Catamarca, Entre Ríos y San Juan, ya se contabilizan más de 300 puestos de trabajo perdidos de manera directa, además de decenas de empleos indirectos amenazados por el freno de la actividad.
El dato más alarmante llega desde Tierra del Fuego, donde el derrumbe del polo electrónico refleja el impacto de la apertura de importaciones y la caída del consumo interno. La empresa Aires del Sur (ADS), fabricante de las marcas Electra y Fedders, quebró tras paralizar su planta en Río Grande y dejó a más de 150 trabajadores en la calle. La firma había llegado a emplear 450 personas en sus mejores años, pero terminó asfixiada por las tasas de interés, la falta de financiamiento y la imposibilidad de competir con productos importados. En paralelo, el empleo industrial electrónico fueguino cayó un 20,7% interanual: el sector pasó de 7.317 puestos a apenas 5.473 en apenas dos meses.
Los números del desplome industrial son demoledores. En Tucumán, la histórica Panpack S.A. cerró abruptamente y despidió a 75 trabajadores. En Catamarca, la fábrica NEBA bajó definitivamente sus persianas y dejó a 56 operarios sin empleo, mientras que Dabra S.A., perteneciente al Grupo Dexter, echó a otros 23 trabajadores y desató protestas por el pago parcial de indemnizaciones. En Entre Ríos, la metalúrgica Menghi SRL cerró después de más de 50 años de actividad y dejó a 10 empleados sin trabajo. A eso se suma el cierre de la planta principal de Tía Maruca en San Juan, que afectó a decenas de familias y dejó al borde del colapso a otra empresa emblemática de la producción nacional.

El combo que denuncian empresarios y trabajadores se repite en cada provincia: apertura indiscriminada de importaciones, tasas de interés imposibles de sostener, caída brutal del consumo interno y aumento permanente de tarifas y materias primas. En ese contexto, incluso empresas con décadas de trayectoria quedaron fuera de competencia en pocos meses.
La crisis también deja al descubierto el impacto social de las políticas económicas nacionales. En Catamarca, por ejemplo, los trabajadores despedidos de Dabra S.A. realizaron cortes de ruta y protestas luego de que la empresa ofreciera pagar apenas el 50% de las indemnizaciones legales. En Tucumán, el cierre de Panpack no solo dejó familias sin ingresos, sino que además complicó a la industria azucarera regional, que dependía de la producción de bolsas industriales de la firma para la zafra 2026.

En San Juan, la situación de Tía Maruca refleja otro fenómeno creciente: empresas que se expandieron durante años pero quedaron expuestas a un mercado interno derrumbado y sin acceso al crédito. El aumento de los costos de harina, azúcar, energía y logística terminó haciendo inviable la continuidad de la producción..
En total, los cierres y conflictos relevados ya superan los 300 empleos directos perdidos, en un contexto donde la industria argentina atraviesa una de las peores crisis de las últimas décadas.
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