La crisis del sector productivo argentino sigue profundizándose. Un relevamiento realizado por una consultora privada en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) reveló que en el último año se perdieron 13.571 empresas empleadoras en todo el país.
El dato corresponde a febrero de 2026 y muestra una caída interanual del 2,5% en la cantidad de empleadores registrados. La SRT considera como «empresa empleadora» a toda persona humana o jurídica que tenga al menos un trabajador declarado bajo cobertura del sistema de riesgos del trabajo. Más allá del número puntual, el informe marca otro dato que enciende alarmas: con la caída registrada en febrero, ya son 23 meses consecutivos de retroceso interanual en este indicador. Es decir, el país acumula casi dos años seguidos con menos empresas generando empleo formal.

El deterioro, además, no aparece como un fenómeno aislado ni concentrado en una sola región. Según el relevamiento, la caída se distribuye de manera ampliamente generalizada entre las distintas jurisdicciones del país, reflejando un impacto extendido sobre la actividad económica.
El informe también advierte que desde agosto de 2025 la velocidad de caída comenzó a acelerarse. Ese punto resulta clave porque muestra que, lejos de estabilizarse, la pérdida de empresas se profundizó durante los últimos meses. Los números toman todavía mayor dimensión cuando se analiza el período completo de la gestión de Javier Milei. Si se compara la cantidad de empresas empleadoras registradas en febrero de 2026 con noviembre de 2023 —último mes previo al cambio de Gobierno— la caída alcanza el 4,4%.
En términos concretos, eso significa que desaparecieron 24.046 empresas empleadoras en todo el país desde el inicio de la actual administración nacional.

El dato refleja el impacto de un escenario económico atravesado por la caída del consumo, la recesión y el freno de la actividad en distintos sectores. Cada empresa que deja de operar implica menos puestos de trabajo, menor movimiento económico y un deterioro en el entramado productivo, especialmente en pequeñas y medianas firmas.
En paralelo, la persistencia de la caída comienza a consolidar una tendencia estructural. El hecho de que el indicador acumule 23 meses consecutivos en retroceso muestra que no se trata de un fenómeno transitorio ni de un bache aislado de la economía.
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