El consumo de carne vacuna en la Argentina atraviesa su nivel más bajo en dos décadas y confirma una tendencia descendente que se profundiza en un contexto de crisis económica. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo per cápita se ubicó en 47,3 kilos anuales, casi 15 kilos menos que hace veinte años.
El dato no solo refleja un cambio en los hábitos de consumo, sino también el impacto directo de la pérdida de poder adquisitivo. En un escenario donde los precios de la carne aumentan por encima de la inflación general, cada vez más hogares reducen su presencia en la dieta cotidiana.
Precios en alza y consumo en retroceso
Durante los primeros meses de 2026, los cortes de carne registraron subas cercanas al 12%, duplicando el ritmo de la inflación general. Esta dinámica se combina con ingresos que no logran acompañar esos aumentos, lo que limita el acceso a uno de los alimentos históricamente centrales en la mesa argentina. La caída del consumo, en este sentido, aparece menos como una elección y más como una consecuencia de las restricciones económicas.
El escenario se complejiza por el lado de la producción. En el inicio de 2026, la producción de carne vacuna cayó más de 9% interanual, mientras que la faena registró uno de los niveles más bajos para un mes de febrero en décadas.
La baja en consumo de carne: Susana Valenzuela, dueña de una carniceria de almagro en dialogo con @Sietecase pic.twitter.com/ICKp0s0aut
— Radio Con Vos 89.9 (@radioconvos899) March 18, 2026
A esto se suma un incremento en las exportaciones, impulsadas por mejores precios internacionales y la necesidad de generar divisas. En los primeros meses del año, los envíos al exterior crecieron tanto en volumen como en valor, lo que redujo la proporción de carne destinada al mercado interno.
En los últimos años, la participación del consumo interno en la producción total pasó de superar el 90% a ubicarse por debajo del 70%, evidenciando un cambio en la orientación del sector.

Un cambio obligado en la dieta
El cruce entre menor producción, precios en alza y mayor peso de las exportaciones configura un escenario que impacta directamente en el consumo local. La carne vacuna, tradicionalmente asociada a la dieta argentina, pierde terreno en la mesa cotidiana. Si bien factores climáticos como la sequía y las inundaciones afectaron la oferta ganadera, el resultado final se traduce en un producto más caro y menos accesible.
En este contexto, la caída del consumo deja de ser un dato aislado del sector para convertirse en un indicador más amplio de la situación económica. La reducción en la ingesta de carne refleja, en última instancia, las dificultades de los hogares para sostener niveles de consumo que hasta hace pocos años formaban parte de la normalidad.
Con información de Infobae
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