El sector cultural en general y el cinematográfico en particular se encontraba perjudicado por los artículos 195 y 196 ley de reforma laboral que fue recientemente aprobada, dado que pasaba a rentas generales fondos específicos destinados a financiar organismos de promoción cultural. Entre ellos el INCAA.
En las negociaciones previas, y merced a las voces de notables de la cultura y el espectáculo -incluso algunos que no están lejos de las ideas del gobierno- que se alzaron en contra de la medida, la postergaron hasta el 1 de enero de 2028. No somos pocos los que opinamos que dicho aplazamiento es una simple especulación: De reelegir el actual presidente, los votos le aportarían un cheque en blanco de la sociedad como para cerrar todas las acciones pendientes que hoy significan un costo político. Y, en el caso de que no reeligieran, quien asuma tendrá apenas unos pocos días para evitar que estos fondos pasen a arcas generales y pierdan la autonomía que fueron conquistando.
Son poderosos los argumentos en contra de la implementación de estas restricciones que refieren a la preservación del capital cultural, de la identidad, de la memoria y de la diversidad de nuestro pueblo.
Pero no todo es intangible, hay fuertes razones económicas y laborales que tener en cuenta.
En 2021 Netflix se unió a la Coalición para las Habilidades del Siglo XXI del Banco Interamericano de Desarrollo para colaborar en un observatorio del desenvolvimiento de las habilidades cinematográficas en Latinoamérica y el Caribe, comprendiendo la importancia de esta industria como motor de crecimiento económico en la región.

De este modo se le comisionó a Deloitte, la consultora londinense de inmenso prestigio global un estudio sobre el sector. En el mismo se señala que hay mas de 100 millones de usuarios de plataformas que consumen material latinoamericano en idioma español.
En el informe se observa que «por cada US$ 10 invertidos en la industria audiovisual, se generan entre US$ 6 y US$ 9 en el resto de la cadena de valor (preproducción, producción, posproducción y distribución). Además, por cada 100 personas empleadas en la industria audiovisual, se emplean indirectamente entre 50 y 70 personas en otros sectores económicos. Observar los beneficios económicos más amplios de la industria audiovisual es realmente emocionante. En Argentina, Brasil, Colombia y México, más de dos tercios del gasto total del sector se destina a otros sectores dentro de su cadena de suministro, tales como servicios profesionales, construcción, textiles y publicidad«.
Todos los países reconocen la importancia del sector audiovisual que se está recuperando a pasos agigantados tras la pandemia. Se prevé un mercado global del cine y el entretenimiento de US$ 170.000 millones en 2030, con un crecimiento anual del 7,2% entre 2022 y 2030.

En Latinoamérica, quienes lideran el sector son Argentina, Brasil y México con ingresos de aproximadamente US$ 20.000 millones en 2021 en conjunto, de los cuales US $ 3.000 millones procedieron del cine. Otras economías del sector consideradas hasta hace poco como emergentes han tenido un inmenso desarrollo en estos últimos años. Como ser Colombia cuyos ingresos en este rubro han aumentado un 15% y alcanzaron los US $ 2.300 millones en las mediciones de 2021 y continúa su crecimiento hasta la fecha.
La consultora estratégica para las industrias creativas Olsberg SPI, determinó la disponibilidad de infraestructura de alta calidad como factores claves del desarrollo de la industria local. En ese sentido, Argentina cuenta con estudios de filmación y centros de posproducción de competitividad a nivel mundial.
Es necesario que cada funcionario, cada legislador y cada responsable en la toma de decisiones que afectan a la continuidad y desarrollo del sector cinematográfico comprenda en plenitud, no solo el impacto de perder nuestra voz, nuestro acento y nuestras emociones en el contexto de la cultura planetaria, sino que no es menor el daño económico que significa atentar contra la promoción de la cultura argentina en todos y cada una de sus manifestaciones.
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