La aceleración inflacionaria del segundo semestre de 2025 terminó por desbordar la pauta salarial del 1,5% mensual que el Gobierno de Javier Milei había fijado como ancla central de su programa económico. El resultado fue un quiebre silencioso de esa política: reapertura generalizada de paritarias, mayor dispersión entre convenios y acuerdos de corto plazo que no logran recomponer el poder adquisitivo perdido.
El diagnóstico surge del último informe de C-P Consultora, que describe el escenario actual como un “paréntesis” en la política de ingresos. La pauta oficial dejó de coordinar expectativas, pero la inflación aún elevada, el estancamiento de la actividad y la debilidad del empleo actúan como freno para una recuperación real de los salarios.
Durante 2025, la imposición de una pauta estricta derivó en una caída persistente del salario real. Según el relevamiento, hacia noviembre los principales convenios acumulaban una pérdida cercana al 4,5%, tendencia que se profundizó con el recalentamiento de los precios en los últimos meses del año. Aunque en noviembre y diciembre comenzaron a cerrarse acuerdos con mayor nominalidad, la inflación mensual —ubicada entre el 2,5% y el 2,8%— siguió corriendo por delante.
El patrón se repite: se rompe la pauta oficial, pero sin una aceleración suficiente que permita recuperar lo perdido. La mayoría de los convenios supera el 1,5% promovido por el Gobierno, aunque no logra empatar la inflación vigente, lo que anticipa nuevas caídas del salario real hacia adelante.
Pymes al límite: salarios atrasados y empleo en retroceso
El deterioro salarial convive con un mercado laboral debilitado. Desde el sector pyme advierten que, aun reconociendo el atraso de los salarios frente a la inflación, la situación empresaria es crítica. La caída abrupta de la rentabilidad, la baja de la productividad y la continuidad de despidos y suspensiones reducen la capacidad de convalidar aumentos, incluso para acompañar parcialmente los precios.
El problema no se limita a las pequeñas empresas: el cierre de firmas y la contracción de la actividad alcanzan a distintos tamaños y sectores, profundizando un escenario de fragilidad general.

Paritarias fragmentadas y soluciones de corto plazo
Con el desborde de la pauta, creció la heterogeneidad entre convenios. Los gremios apelan a distintas herramientas para sostener ingresos: sumas fijas, gratificaciones extraordinarias y pagos no remunerativos que, en muchos casos, se licúan rápidamente con la inflación.
Ejemplos como el bono extraordinario del sector aceitero, los adicionales pactados por Camioneros o la suma fija acordada en Comercio muestran una tendencia común: alivios transitorios que no revierten la pérdida acumulada y no generan un sendero de mejora sostenida.
En sectores como el textil, incluso las reaperturas se explican más por el pase de sumas no remunerativas al básico que por verdaderos aumentos reales, con efectos que se diluyen en pocos meses.
Acuerdos cortos y horizonte incierto
Otro dato clave es la duración de los convenios. Aunque algo más extensos que en 2024, la mayoría se limita a tres o cuatro meses, reflejo de la imposibilidad de construir expectativas estables en un contexto inflacionario persistente. La necesidad de renegociar de manera permanente se convirtió en regla.
A este cuadro se suma el telón de fondo político: la discusión por la reforma laboral y la intención oficial de flexibilizar la negociación colectiva se desarrollan en un mercado laboral con empleo registrado en retroceso y actividad estancada.
Según C-P Consultora, la posibilidad de recomponer una pauta salarial aceptada por los actores dependerá de una condición central que hoy no está garantizada: una baja sostenida de la inflación acompañada por una mejora real del contexto económico. Hasta entonces, el quiebre de la pauta no aparece como una excepción, sino como el síntoma de una política de ingresos agotada.
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