La crecida del río Santa Lucía volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad estructural de amplios sectores de Corrientes frente a las emergencias hídricas. En San Roque, casi un centenar de personas debieron ser evacuadas en las últimas 72 horas, mientras que otras localidades permanecen en alerta ante un escenario que, aunque monitoreado, sigue siendo incierto para miles de familias.
Según datos oficiales, la emergencia ya afecta a más de 400 personas en toda la provincia. San Roque concentra uno de los focos más delicados: 92 vecinos —en su mayoría familias de bajos recursos— tuvieron que abandonar sus viviendas precarias ubicadas en zonas ribereñas del río Santa Lucía. Los barrios Costanera y Libertad fueron los más castigados tras las lluvias del viernes, que provocaron anegamientos y una marcada suba del nivel del cauce.

El intendente Raúl Pelozo fue explícito al reconocer que la situación no es nueva ni excepcional. “Estas familias deben ser reubicadas de manera urgente; de lo contrario, el problema va a seguir repitiéndose”, advirtió, dejando al descubierto una realidad que se repite año tras año: la asistencia llega cuando el agua avanza, pero las soluciones estructurales siguen postergadas.
Los evacuados fueron alojados en el complejo de la Asociación Vecinal de Saneamiento San Roque, donde se garantiza agua potable y asistencia básica. El municipio informó además la entrega de insumos y medicamentos, en coordinación con el Ministerio de Salud de Corrientes. Sin embargo, para quienes perdieron pertenencias o debieron abandonar sus casas, la ayuda de emergencia no alcanza a disipar la sensación de abandono.
Alivio temporal y alerta por lluvias intensas
Desde Defensa Civil provincial aseguraron que el monitoreo es constante y que el río podría alcanzar su pico para luego comenzar a descender. No obstante, advirtieron que el alivio será apenas temporario, ya que las lluvias podrían retomarse en los próximos días.
En Santa Lucía, el municipio fue puesto en alerta preventiva y se solicitó preparar el albergue municipal ante eventuales evacuaciones. Allí, el intendente Norberto Villordo relativizó el riesgo inmediato y sostuvo que serían necesarias precipitaciones mucho más intensas para que el río represente una amenaza concreta. La postura contrasta con la de San Roque, donde la temporada turística debió ser suspendida tras quedar bajo agua el balneario Costa del Sol.

El mapa provincial: evacuados que se multiplican
Más allá del eje Santa Lucía–San Roque, la situación más crítica continúa en San Luis del Palmar, donde 305 personas permanecen evacuadas y distribuidas en polideportivos, escuelas, iglesias y espacios municipales. El Sombrero y San Miguel también registran evacuados, mientras que en Mburucuyá recién en las últimas horas 45 familias pudieron regresar a sus hogares tras el temporal.
La nueva crecida se produce apenas días después de que el malestar social por las inundaciones se expresara con fuerza en distintos puntos de la provincia. Vecinos, intendentes y productores coinciden en un diagnóstico cada vez más extendido: el problema no es únicamente la lluvia, sino la falta de obras, planificación y políticas de prevención sostenidas en el tiempo.
Tras casi dos décadas de continuidad política en Corrientes, las inundaciones volvieron a funcionar como un espejo incómodo. Mientras se multiplican los evacuados y las alertas, crece también la pregunta que atraviesa a buena parte de la sociedad correntina: cuánto más deberán repetirse estas emergencias para que la respuesta deje de ser solo reactiva y se transforme, finalmente, en una solución estructural.
Con información de LT7 y datos de NEA HOY.
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