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La intervención de EE.UU. en Venezuela reabre un escenario crítico y pone en jaque al Mundial 2026

La ofensiva militar estadounidense contra Venezuela encendió alarmas en la FIFA y en la comunidad internacional. Los antecedentes de sanciones deportivas ante conflictos armados exponen una doble vara que podría afectar la credibilidad del Mundial que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá.
La FIFA observa con atención un escenario que, según su propio reglamento, podría comprometer la realización del Mundial 2026.
La FIFA observa con atención un escenario que, según su propio reglamento, podría comprometer la realización del Mundial 2026.

La intervención armada de Estados Unidos en Venezuela, con bombardeos y la captura del presidente Nicolás Maduro bajo el argumento de “narcoterrorismo”, abrió una crisis geopolítica de alcance regional e internacional. Más allá de sus consecuencias políticas y humanitarias, el hecho generó un fuerte impacto en el mundo del deporte: la FIFA observa con atención un escenario que, según su propio reglamento, podría comprometer la realización del Mundial 2026.

La historia reciente del fútbol internacional muestra que los conflictos armados no son un tema menor para el ente rector del deporte más popular del planeta. Sin embargo, el protagonismo de Estados Unidos como organizador central de la Copa del Mundo plantea interrogantes incómodos sobre la coherencia y la equidad en la aplicación de sanciones.

Antecedentes que incomodan a la FIFA

El reglamento de la FIFA establece que un país involucrado en conflictos bélicos graves puede ser suspendido de competiciones internacionales. Existen precedentes claros: Yugoslavia fue excluida en 1992 en plena guerra civil, y Alemania quedó fuera de los torneos tras la Segunda Guerra Mundial.

Más recientemente, Rusia fue sancionada de manera inmediata luego de invadir Ucrania, quedando fuera de mundiales, eurocopas y competiciones de clubes.

En ese marco, la intervención unilateral de Estados Unidos en Venezuela —con uso de fuerza militar y captura de un jefe de Estado— encuadra en situaciones que, en otros contextos, derivaron en sanciones severas. La pregunta inevitable es si la FIFA aplicará el mismo criterio cuando el país involucrado es el principal anfitrión del evento más rentable de su historia.

El reconocimiento entregado por Gianni Infantino a Trump por su supuesto aporte a la “diplomacia mundial”, sumado a la concentración de eventos FIFA en suelo norteamericano, alimenta la percepción de que las sanciones dependen más del poder geopolítico que del respeto a las normas.

Un Mundial atravesado por la tensión regional

El conflicto no se limita a Venezuela. Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, en las que afirmó que “los cárteles gobiernan México” y deslizó la posibilidad de intervenir, elevaron la tensión con otro de los países organizadores del Mundial 2026. A solo seis meses del inicio del torneo, el clima político entre Estados Unidos y México suma un nuevo factor de inestabilidad.

Este escenario contradice el discurso habitual de la FIFA, que sostiene que el fútbol debe promover la paz, la integración y la diplomacia entre naciones. Cuando uno de los organizadores aparece involucrado en operaciones militares y amenazas regionales, ese relato queda seriamente debilitado.

Doble vara y credibilidad en juego

La cercanía política entre la conducción de la FIFA y el gobierno estadounidense refuerza las sospechas de un trato diferencial. El reconocimiento entregado por Gianni Infantino a Trump por su supuesto aporte a la “diplomacia mundial”, sumado a la concentración de eventos FIFA en suelo norteamericano, alimenta la percepción de que las sanciones dependen más del poder geopolítico que del respeto a las normas.

Si la FIFA decide mirar hacia otro lado y garantizar el desarrollo del Mundial sin cuestionamientos, el costo no será solo simbólico. La credibilidad institucional del organismo quedará seriamente dañada y se consolidará la idea de que las reglas no se aplican de la misma manera para todos.

Un torneo bajo la sombra del conflicto

Mientras la Selección Argentina se prepara para defender el título obtenido en Qatar, el Mundial 2026 aparece atravesado por un contexto político explosivo. La intervención en Venezuela, las amenazas a México y el silencio prudente de la FIFA configuran un escenario en el que el fútbol vuelve a quedar atrapado por la geopolítica.

Lejos de ser un hecho aislado, lo ocurrido expone una tensión de fondo: si el fútbol realmente puede mantenerse al margen de los conflictos internacionales o si, una vez más, el poder termina imponiéndose sobre los principios.

Con información de Página 12.

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