La ofensiva militar de Estados Unidos contra Venezuela marcó un punto de inflexión de consecuencias imprevisibles para la región y el sistema internacional. Bajo el argumento de combatir el narcotráfico y actuar en “legítima defensa colectiva”, Washington ejecutó bombardeos sobre Caracas y otras zonas estratégicas, dañó infraestructura clave y anunció la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes habrían sido trasladados fuera del país.
Más allá de las acusaciones contra el gobierno venezolano, la acción estadounidense abre un escenario extremadamente grave: una potencia militar actuando de manera unilateral, sin aval del Consejo de Seguridad, sobre un Estado soberano. Para Rusia y China, no se trata de una operación legítima sino de un precedente peligroso que erosiona las bases del derecho internacional.
🚨#BREAKING: Reuters reports that U.S. ground forces and United States Air Force assets are currently on the ground and active in and around Caracas, Venezuela. Multiple explosions have been reported and observed across the capital as operations continue. pic.twitter.com/96mTpvxmQX
— R A W S A L E R T S (@rawsalerts) January 3, 2026
ONU en alerta y quiebre del multilateralismo
La convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU refleja la magnitud de la crisis. Moscú calificó la detención de Maduro como un “secuestro internacional” y advirtió que normalizar este tipo de intervenciones equivale a legalizar la ley del más fuerte. China, por su parte, exigió el cese inmediato de las hostilidades y alertó sobre el impacto en la estabilidad energética regional, dado su fuerte involucramiento en el sector petrolero venezolano.
La postura de Washington, expuesta por su embajador ante la ONU, refuerza una tendencia preocupante: el desprecio por el multilateralismo cuando éste actúa como límite al uso de la fuerza. Bajo esta lógica, cualquier acusación —incluso no probada públicamente— puede convertirse en excusa para una intervención armada.
Comienza la enésima guerra por petróleo. A estas horas Trump bombardea Caracas, mientras en un penthouse de Miami, María Corina Machado, aplaude la ráfaga de muerte contra su propio pueblo.
Todos los miembros del Comité Noruego del Nobel de la Paz deberían ser detenidos y… pic.twitter.com/iMn9TFwhio
— Víctor Egío (@EgioVictor) January 3, 2026
América Latina, entre la prudencia y la celebración
En la región, las reacciones dejaron al descubierto profundas fracturas políticas. Colombia expresó “profunda preocupación”, reforzó la seguridad fronteriza y llamó a la desescalada, mientras Cuba denunció un “criminal ataque” y reclamó una respuesta urgente de la comunidad internacional.
Otros gobiernos, como el de Chile, insistieron en que la crisis venezolana debe resolverse mediante el diálogo y no por la vía militar. Sin embargo, la reacción del presidente argentino Javier Milei —celebrando el bombardeo y la captura de Maduro— marcó un alineamiento explícito con la política exterior estadounidense y una ruptura con la histórica doctrina regional de no intervención.
Para atacar otro país, la Constitución de Estados Unidos exige que la declaración de guerra sea aprobada por el Congreso.
Por eso es que Donald Trump aplicó la trampita de acusar a Nicolás Maduro de ser el jefe del Cartel de los Soles.
Si tu argumento es que Maduro es un jefe… pic.twitter.com/FxYvDgqy1w
— Matias Mowszet (@MatiMow) January 3, 2026
Un precedente que amenaza a toda la región
La pregunta de fondo excede a Venezuela. Si una potencia puede bombardear, capturar a un jefe de Estado y justificarlo sin consenso internacional, ¿qué límites reales quedan para el uso de la fuerza? La acción de Estados Unidos no solo vulnera la soberanía venezolana: debilita las reglas que protegen a todos los países, especialmente a los más débiles.
En nombre de la “libertad”, Washington impuso una lógica de guerra que deja más incertidumbre que soluciones. Y América Latina, una vez más, paga el costo de convertirse en escenario de disputas geopolíticas ajenas, donde la paz y el derecho internacional quedan relegados frente a la fuerza bruta.
Con información de La Política Online, BAE Negocios, BBC y Tiempo Argentino.
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