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¿Qué se vota este domingo?

Este domingo no se define solo la composición del Congreso, sino si la Argentina seguirá siendo un país soberano o quedará bajo tutela extranjera. Con acuerdos opacos, promesas incumplidas y la injerencia directa de Estados Unidos, el gobierno de Javier Milei profundiza un proceso de entrega que amenaza con borrar los límites de la independencia nacional.
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Este domingo ya no se trata de una simple elección legislativa, no se trata de renovar bancas ni medir fuerzas entre oficialismo y oposición, no, lo que está en juego es si la Argentina va a quedar reducida a una colonia económica y política bajo la tutela de Estados Unidos. Porque, con cada día que pasa, el Gobierno de Javier Milei profundiza un proceso de entrega nunca antes visto en democracia.

La cesión de la soberanía se puede ver en el “acuerdo de rescate” con Donald Trump, los decretos que autorizan el ingreso de tropas norteamericanas, las negociaciones secretas por los yacimientos de tierras raras y las promesas vacías de inversiones que nunca llegan. Y todo esto es a cambio de sostener artificialmente un modelo económico que está acabado.

Milei y su Ministro estrella, Luis “Toto” Caputo, están resistiendo con deuda, ajuste y subordinación, hasta sus propios aliados internacionales lo dicen: “No tienen nada, están muriendo”. Esas fueron las palabras de Donald Trump, Presidente de Estados Unidos y heraldo de la visión que tiene el país sobre Argentina y Milei. Y cuando el salvador describe así al salvado, el resultado no puede ser otro que la humillación nacional.

 

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El rescate que no rescata

En la reunión en Washington, Donald Trump prometió un salvataje financiero para la Argentina, pero la ayuda venía con una condición: “si Milei pierde las elecciones, no seremos generosos con la Argentina”. Lejos de ser una broma o un error diplomático, el mensaje fue una injerencia directa en el proceso electoral argentino por parte de una potencia extranjera. Y fue una amenaza.

“Vemos con enorme preocupación la degradación de la política exterior, conducida con criterios de cortísimo plazo por un gobierno libertario que fracasó en su experimento económico rentístico-financiero, que se sostiene acrecentando una deuda impagable, en gran parte ilegal y fraudulenta”, denunció el propio Foro de Economía y Trabajo. En el documento advierten que el aventurerismo de Milei puede involucrar al país “en un conjunto de decisiones para las cuales el Poder Ejecutivo no está facultado”. Y termina con una frase que debería estar presente en las urnas del domingo: la soberanía es innegociable.

Sin embargo, la advertencia llega tarde para un gobierno que ya aceptó que su supervivencia depende de Washington. Lo demuestra el decreto del 29 de septiembre que autoriza el ingreso de personal militar estadounidense para la “Operación Tridente” en bases de Mar del Plata, Puerto Belgrano y Ushuaia. Básicamente, presencia militar extranjera en territorio argentino.

Y no es casual que todo esto ocurra en paralelo con las negociaciones por el control de las tierras raras ubicadas en 7 provincias del país. Estas tierras son los minerales estratégicos que necesita la industria tecnológica y militar para existir, algo tal vez, más precioso que el petróleo. Acá se ve el mismo patrón de subordinación que el mundo ya vio en otros capítulos de la historia latinoamericana, la diferencia es que esta vez no hay un golpe de Estado para acaparar recursos preciosos, hay un gobierno que los regala.

El fracaso del espejismo

Milei también intentó vender el relato de una “inversión extranjera histórica”. Primero fue el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), presentado como la llave para atraer capitales productivos. Con la ayuda de aliados eventuales, el RIGI terminó saliendo a pesar de sus múltiples detractores. El RIGI terminó siendo un festival de beneficios fiscales para empresas extranjeras que nunca invirtieron un peso. No generó trabajo, no trajo dólares y no impulsó la producción nacional.

El segundo intento fue hace un par de semanas. Se habló de una supuesta inversión de OpenAI, la empresa de inteligencia artificial de Sam Altman, para construir un megacentro de datos en la Patagonia. Milei lo anunció con bombos y platillos, hablando de 25.000 millones de dólares y de “una nueva era tecnológica” para el país. Pero a los pocos días, la realidad lo desmintió. OpenAI publicó un comunicado aclarando que no invertiría en el proyecto, sino que “podría ser compradora” del centro de datos que en realidad impulsaba una empresa local, Sur Energy. El entusiasmo se desinfló.

El episodio del RIGI y el de OpenAI son espejos rotos del mismo reflejo: la Argentina que Milei promete a los inversores no existe. No hay un país en crecimiento, hay uno devastado por el ajuste, la recesión y las deudas. Las únicas inversiones que avanzan son las especulativas, las que llegan para aprovechar la bicicleta financiera que se sostiene a fuerza de tasas altísimas y un dólar planchado artificialmente.

El nuevo pacto colonial

Mientras Milei celebra cada foto con Trump como si fuera una victoria nacional, la realidad es que el presidente estadounidense ya dió a entender que el precio de su “rescate” es el control sobre nuestro país. En Estados Unidos ya lo saben, medios como el New York Times publicaron que el Tesoro arriesga “dinero de los contribuyentes en una gran apuesta argentina”. Además, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que Milei se comprometió a “deshacerse de China”.

Esa frase marca la batalla geopolítica en la que nos están metiendo. Las tierras raras son 17 minerales imprescindibles para fabricar desde celulares hasta misiles de precisión. China controla el 70% de su producción mundial y Estados Unidos intenta recuperar terreno. Qué mejor para Estados Unidos que la Argentina sea un país con reservas potenciales, una economía debilitada y un presidente dispuesto a todo para sobrevivir políticamente. No es difícil entender por qué Trump está dispuesto a “ayudar” a Milei. Lo que busca no es salvar a la Argentina, sino asegurarse el acceso privilegiado a los recursos naturales y aislar a China en Sudamérica.

El Congreso como cordón sanitario

Por eso lo que se vota el 26 de octubre no son solamente diputados y senadores. Se vota si el Congreso va a ser una frontera institucional capaz de frenar la entrega, o si se va a convertir en una escribanía que legitime acuerdos secretos, endeudamientos ilegales y bases extranjeras en territorio nacional. Milei busca la mayoría parlamentaria para legalizar su aventura.

Si logra esa mayoría, tendrá vía libre para avanzar en la consolidación de un modelo de dependencia. Si no la consigue, la Argentina conservará un mínimo margen de defensa institucional. Esa es la verdadera elección del domingo: entre la sumisión y la soberanía.

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