La salud mental es mucho más que la ausencia de enfermedades o trastornos. Es un estado de bienestar integral que permite afrontar el estrés cotidiano, trabajar de manera productiva y contribuir a la comunidad. Sin embargo, los factores que pueden afectarla son múltiples: sociales, psicológicos y biológicos.
En ese sentido, María Itatí Ramírez, Psicóloga Social y Operadora Estratégica en Neurociencias, subrayó a NEA HOY la importancia de prestar atención a las señales que el cuerpo y la mente envían. “Para cuidar nuestra salud mental es importante estar atentos a ciertas señales de alerta que me pueden indicar que algo no anda bien en mí y cuándo me conviene pedir ayuda. No se trata de patologizar cualquier malestar, porque sentir tristeza o estrés en momentos difíciles es absolutamente normal, biológico, natural”, explicó.
Salud mental: cuándo una emoción deja de ser normal
Ramírez señaló que la diferencia está en la intensidad y en la duración de las emociones. “Debemos reconocer cuando estas emociones se vuelven más intensas y persistentes”, afirmó. Y detalló algunos indicadores clave:
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Estado de ánimo: tristeza, apatía o euforia que se prolonga en el tiempo.
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Sueño: dificultades para dormir, insomnio o, por el contrario, dormir demasiado.
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Energía y motivación: fatiga constante, falta de interés en actividades antes placenteras.
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Pensamientos: preocupaciones excesivas, autocrítica intensa o dificultad para concentrarse.
“El diálogo interno es importante —añadió—. Si tengo pensamientos repetitivos o preocupaciones excesivas, si mi autocrítica es muy intensa o tengo dificultad para concentrarme o recordar, eso también es un signo de alarma”.

El cerebro necesita vínculos
Otro de los ejes fundamentales del bienestar mental es el vínculo con los demás. “El cerebro es social. Para mantener una salud cerebral es importante relacionarme constantemente”, enfatizó Ramírez.
El aislamiento social, explicó, puede ser una señal de alerta tan importante como los cambios de ánimo. “Si me aíslo socialmente, si tengo discusiones frecuentes o siento que nadie me comprende, eso también es un signo de alarma. Porque tendemos a aislarnos y cuando lo hacemos no hay quien nos haga ver que nuestra conducta se está deteriorando”.
La salud mental en alerta: cambios de conducta y señales físicas
La especialista también señaló que los cambios en la conducta cotidiana —alimentación, consumo de alcohol o sustancias, intolerancia o impulsividad— pueden indicar que algo no anda bien. “Si estos cambios se mantienen y no cesan, me invitan a pedir ayuda”, advirtió.
A esto se suman manifestaciones físicas del estrés, como dolores de cabeza, estómago o musculares sin una causa médica clara. “Si son dolores recurrentes y no cesan, entonces es un signo de alarma de estrés en el que debo acudir a un profesional”, explicó.
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Mirar al otro también es cuidar
Ramírez insistió en que el cuidado de la salud mental no se limita al ámbito personal. “Así como es importante mirarnos a nosotros mismos, también podemos estar atentos a estas mismas señales en otras personas cercanas, en la familia, en los amigos o en los compañeros”, destacó.
Y aclaró: “No hace falta diagnosticar. Basta con acompañar, ofrecer escucha sin juzgar y, si es necesario, animar a buscar ayuda profesional”.

Hábitos que fortalecen la salud mental
La psicóloga propuso pensar la salud mental como un camino de cuidado cotidiano, al igual que la salud física. “Así como cuidamos el cuerpo con buena alimentación y ejercicio, también podemos cultivar hábitos que fortalecen nuestra salud mental”, sostuvo.
Entre esos hábitos, mencionó:
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Dormir bien.
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Mantener una alimentación equilibrada.
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Realizar actividad física.
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Fomentar conexiones sociales y vínculos de confianza.
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Compartir tiempo con la familia y evitar el aislamiento.
“Esto me va a permitir gestionar mejor el estrés y, por supuesto, gestionar mi vida”, concluyó.

El Día Mundial de la Salud Mental recordemos que el bienestar emocional es parte esencial de la salud integral. Reconocer las señales, mantener los vínculos y cultivar hábitos saludables son pasos clave para cuidar lo que muchas veces no se ve, pero define cómo vivimos, sentimos y actuamos.
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