En el día de ayer se produjo la inauguración de la piscina olímpica y de la pista de atletismo en Formosa, un hito que marca un antes y un después para el deporte local. No se trata solo de nuevas obras de infraestructura, sino de la apertura de un horizonte de posibilidades que hasta hace poco parecía reservado únicamente a las grandes capitales o a las provincias con tradición deportiva consolidada. Hoy, cientos de jóvenes formoseños pueden entrenar en instalaciones de nivel internacional sin tener que trasladarse cientos de kilómetros o depender de los recursos económicos de sus familias para acceder a las condiciones básicas de preparación.
El impacto más palpable lo expresan los propios protagonistas. Ignacio «Nacho» Cañete, nadador de 17 años, lo sintetizó en una frase que resuena con fuerza: «Ahora podemos competir al mismo nivel que otros nadadores que entrenaban en otras condiciones». El atleta remite a sus pares de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o incluso de otros países, que cuentan desde siempre con piscinas olímpicas y pistas homologadas. Para Nacho, que empezó a nadar a los 11 años y que debió entrenarse en piletas más pequeñas o viajar hasta Asunción para experimentar lo que significa nadar en una pileta de 50 metros, el cambio es tan concreto como emocional: significa igualdad de condiciones.
Hasta ayer, la historia era otra. La pileta más cercana con medidas olímpicas estaba en Paraguay, lo que implicaba viajes costosos, pérdida de días de clases y un desgaste físico y económico difícil de sostener en el tiempo. «Si quería ir a entrenar allá tenía que faltar al colegio, pagar nafta, hospedaje y además la cuota de otro club», recordó Nacho. Ese testimonio revela la dimensión social de la nueva obra: entrenar no será un privilegio, sino una posibilidad abierta para todos y con instalaciones de primer nivel.
En atletismo, la realidad era similar. Los corredores realizaban entrenamientos en la costanera o en canchas adaptadas, con todas las limitaciones que eso supone. Hoy cuentan con una pista sintética homologada que les permitirá no solo prepararse mejor, sino también recibir competencias nacionales e internacionales. La infraestructura del complejo ,según revelaron distintos atletas, permitirá desarrollar aún más su potencial.
Con obras de esta magnitud, la provincia envía otro mensaje: se puede crecer y soñar desde acá, sin necesidad de abandonar la tierra natal. Nacho lo expresó con una madurez sorprendente para sus 17 años: su gran sueño es representar a la Argentina y traer una medalla olímpica. Pero al mismo tiempo tiene los pies en la tierra y sabe que el estudio será central en su futuro. Esa combinación de ambición y responsabilidad es quizás la mejor muestra de lo que este tipo de inversiones puede generar: jóvenes con sueños grandes, pero también con herramientas reales para alcanzarlos.

La historia detrás
La profesora Delia Díaz, entrenadora del club Natalú, aportó otra mirada cargada de historia y emoción: «Lo que vivimos ayer es una emoción muy grande porque lo venimos pidiendo hace mucho tiempo. Nuestro club se inició en 2008 y con mucho esfuerzo llegamos en 2013 a ganar la natación en los Juegos Nacionales Evita. Ese logro ubicó a Formosa en la natación argentina, y fue entonces cuando el gobernador prometió una pileta climatizada. Nosotros nunca pensamos que íbamos a tener una pileta olímpica. Lo único que pedíamos era una de 25 metros, porque nuestra pileta mide 12,50 y ahí entrenábamos hasta 50 chicos al mismo tiempo».
La comparación muestra la dimensión del salto: de una pileta mínima, apenas suficiente para sostener el trabajo diario, a una instalación de nivel olímpico equipada con tecnología de punta. Y no solo para la natación en piscina, ya que en Natalú también se entrenan deportistas de pentatlón, aguas abiertas y triatlón. Como señaló Díaz, «la base de todas esas disciplinas es la natación».
La docente recordó además cómo en la espera por una infraestructura adecuada se apoyaron en espacios alternativos, como el parque acuático: «Para el grupo de aguas abiertas, la pileta de olas fue espectacular, porque los chicos pudieron entrenar como si estuvieran en el mar. Nosotros decíamos que tenían el mar en casa, y eso les dio una preparación excelente, con resultados muy buenos».
Igualdad, inclusión y futuro
Uno de los aspectos más valiosos de la nueva infraestructura es su carácter público. Como destacó Nacho, «hay chicos que no tienen la posibilidad de pagar una cuota todos los meses en un club privado y esto les da una oportunidad enorme de descubrirse como nadadores o atletas». El deporte, en este sentido, se convierte en un derecho como quedó plasmado en la nueva Constitución Provincial, garantizado y no en un bien de consumo condicionado por el bolsillo familiar.
Ese detalle no es menor: democratizar el acceso a instalaciones de calidad es sembrar futuro. Es abrir la puerta a que un niño o niña que jamás imaginó dedicarse al deporte pueda hacerlo. Es generar «un semillero real» como destacó Delia Díaz, donde el talento se combine con la constancia y la disciplina, y no con las limitaciones económicas.
En Formosa, muchos jóvenes que hoy destacan a nivel regional lo hicieron a base de esfuerzo y creatividad. El testimonio de Nacho lo confirma: con apenas 17 años ya es bicampeón regional y representó a la provincia en torneos internacionales. Ahora, con la pileta olímpica a disposición, su sueño de competir en un Sudamericano, un Panamericano o incluso en unos Juegos Olímpicos deja de ser una quimera para convertirse en un objetivo posible.

El efecto multiplicador
Las instalaciones también abren la puerta a otro fenómeno clave: la llegada de competencias de alto nivel a la provincia. Como explicó Nacho, la piscina contará con placas electrónicas de cronometraje —las mismas que se utilizan en el CENARD—, lo que garantiza que se puedan organizar torneos con estándares internacionales. Eso significa que, en el corto plazo, Formosa podría convertirse en sede de campeonatos nacionales e incluso sudamericanos.
El impacto no sería solo deportivo. La organización de estos eventos moviliza turismo, genera trabajo y proyecta a la provincia como un polo en el mapa deportivo argentino y regional. En otras palabras, la inversión en infraestructura no se agota en el beneficio directo a los atletas, sino que derrama sobre la comunidad en su conjunto.
Ver esta publicación en Instagram
Lo que está en juego va mucho más allá del deporte: es el derecho de una generación a soñar en grande, a competir de igual a igual, a encontrar en el esfuerzo y en la disciplina un camino de desarrollo personal y colectivo. La voz de Nacho lo confirma con claridad: «Antes con nuestra pileta competíamos, pero ahora vamos a estar igualados». Esa igualdad no es un detalle técnico: es una conquista histórica.
Formosa, con su nueva piscina olímpica y su pista de atletismo, ha dado un salto que trasciende el deporte. Ha decidido apostar al futuro de sus jóvenes, a la inclusión y al derecho a soñar. El desafío es que ese sueño no se detenga en la superficie del agua ni en el tartán de la pista, sino que se proyecte como una verdadera política de Estado.
ADEMÁS EN NEA HOY:









