Peter Lamelas fue designado embajador de Estados Unidos en Argentina por el Gobierno de Donald Trump y lo primero que hizo fue dejar en claro, ante el Senado de su país, cuál será su misión en el sur del continente. Con un tono que rozó lo colonial, prometió vigilar de cerca a los gobernadores argentinos para asegurarse de que no firmen acuerdos con China, respaldar a Javier Milei en su cruzada ideológica, intervenir en la política judicial local (específicamente asegurarse de que Cristina Fernández de Kirchner siga presa) y, de paso, predicar los valores de Washington como si fuera el enviado de una potencia moral.
Todo esto en nombre de una reconfiguración regional que, si se observa el caso paraguayo, podría estar señalando el tipo de vínculo que Estados Unidos busca establecer con Argentina: un alineamiento estrecho a su estrategia geopolítica, que pesan en los planos político, militar y económico. Una relación que, más que de colaboración entre Estados, parece pensada para asegurar los intereses de Washington.

¿Quién es Peter Lamelas?
Médico cubanoamericano de origen, Lamelas no proviene del mundo diplomático tradicional, sino del sector privado de la salud. Su designación fue promovida por la administración de Donald Trump y durante su presentación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano dejó ver su mirada sobre la Argentina: un país con el que no busca solamente relaciones institucionales, sino al que pretende monitorear en decisiones estratégicas. Básicamente, lo que anteriormente conocimos como relaciones carnales durante el menemato.
En su exposición habló de “vigilar provincias” y “dialogar con los gobernadores” para desincentivar acuerdos con China, insinuando que dichos vínculos podrían dar lugar a prácticas corruptas. Por otro lado, en una parte de su discurso que parecía salido de un posteo de Facebook, dedicó varios minutos a hablar de la ex Presidenta, cuestionando su prisión domiciliaria, insinuando vínculos con el encubrimiento del atentado a la AMIA y hasta con la muerte del fiscal Alberto Nisman. Por supuesto, sin ninguna prueba.
Paraguay, el ejemplo a seguir
Detrás del discurso de Lamelas parece haber un modelo de alineamiento que ya tiene antecedentes en la región. Paraguay es actualmente el país sudamericano con vínculos más estrechos con Estados Unidos en términos diplomáticos, militares y comerciales. Un ejemplo es la represa de Itaipú, donde, bajo presión norteamericana, Paraguay ha comenzado a redireccionar parte de su excedente energético hacia proyectos vinculados a empresas estadounidenses, como centros de datos, desplazando el histórico acuerdo con Brasil.
Además, Paraguay es el único país de la región que mantiene relaciones diplomáticas formales con Taiwán, una decisión de peso en la geopolítica frente a China. Esta orientación no responde únicamente a decisiones autónomas, sino que se enmarca en una estrategia de contención del avance chino en América Latina impulsada desde Washington.
En lo político, la doble vara también queda en evidencia: mientras el gobierno de Joe Biden sancionó por corrupción al ex presidente paraguayo Horacio Cartes, la administración Trump facilitó posteriormente su salida del país para viajar a Israel. La señal parece haber sido que las sanciones pueden flexibilizarse si hay alineamiento estratégico. Por último, Paraguay autorizó recientemente la participación de tropas estadounidenses en la hidrovía Paraná-Paraguay, un corredor fluvial de altísima relevancia comercial y geopolítica para la región. Esa presencia también afecta directamente a la Argentina.
¿Y Argentina?
Las declaraciones de Peter Lamelas dejan entrever que Estados Unidos podría estar buscando replicar con Argentina este tipo de relación estrecha, con un enfoque más estratégico que diplomático. Sus afirmaciones sobre «evitar la penetración china» en las provincias argentinas, o la intención de influir en asuntos judiciales, sugieren una concepción de la diplomacia que excede los marcos habituales del respeto a la soberanía nacional.
También llama la atención que haya manifestado públicamente su respaldo a Javier Milei, un gesto poco habitual para un embajador en funciones o en proceso de confirmación. En términos diplomáticos, se espera que los representantes extranjeros mantengan una neutralidad pública frente a los procesos políticos internos de los países anfitriones. No solo la cuestión judicial, sino también la mención explícita de actores políticos locales, fueron interpretadas como señales de un interés por intervenir en el desarrollo institucional argentino más allá de los canales formales.

Las respuestas no se hicieron esperar
Las declaraciones de Lamelas generaron un amplio rechazo de parte de distintos sectores políticos y sociales. El gobernador pampeano Sergio Ziliotto afirmó que en su provincia “no aceptamos, ni aceptaremos, intromisiones externas que busquen disciplinarnos”. Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, sugirió que Lamelas se concentre en los problemas internos de su país antes de opinar sobre la política argentina, y lo acusó de ser “socio de los usurpadores británicos”.
Desde el Congreso, la senadora Juliana Di Tullio reclamó que el presidente Javier Milei “defienda la soberanía nacional” y recordó que Argentina no es “una colonia”. Por su parte, la diputada Myriam Bregman calificó las declaraciones como “inaceptables” y cuestionó el intento del embajador de condicionar la política exterior y judicial del país.
Incluso la embajada de China en Argentina respondió con un comunicado inusual, en el que advirtió que las afirmaciones de Lamelas están “plagadas de prejuicios ideológicos y mentalidad de Guerra Fría”. Desde allí remarcaron que la cooperación con Argentina se realiza “sin buscar esferas de influencia ni apuntar contra terceros”, e hicieron un llamado a evitar convertir al país en “campo de batalla” entre grandes potencias.
Diplomacia o advertencia
Lamelas no es el primer diplomático que cruza los límites del protocolo, pero es tal vez el primero en admitir tan burdamente los planes de Washington para el Cono Sur. Estados Unidos está aterrado del avance de China y para mantener su hegemonía necesita gobiernos amigos, estructuras judiciales hechas a su medida, liderazgos disciplinados y territorios regalados.
Javier Milei hizo de Argentina un terreno fértil para esa lógica. Un gobierno alineado ideológicamente, dispuesto a romper toda relación comercial con China, a bajar la cabeza frente a Washington y a permitir el avance de una política exterior norteamericana que ve a la región como zona de influencia. Pero incluso en ese contexto, las declaraciones de Lamelas fueron tan groseras que provocaron reacción. Y eso también dice algo: que el virrey moderno aún tiene en contra gente que no quiere ser colonia.
La pregunta que queda abierta es si este será el tono de la nueva etapa bilateral o si, por el contrario, la sociedad argentina logrará poner límites al tipo de relación que se pretende construir. Porque más allá de nombres o coyunturas, lo que está en juego es el modelo de inserción internacional de la Argentina en un escenario de disputa global cada vez más marcado.
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