Este 16 de julio Formosa vivirá uno de los días más significativos de su calendario espiritual y comunitario: la celebración del Día de la Virgen del Carmen, Patrona de la ciudad y de toda la provincia. Se trata de una fecha profundamente arraigada en la historia, la cultura y la identidad del pueblo formoseño, y que trasciende las fronteras geográficas para convertirse en un símbolo de unidad con la vecina ciudad paraguaya de Alberdi.
En la Catedral de Formosa, la imagen que preside el altar mayor no es simplemente una escultura religiosa. Es la Virgen Nuestra Señora del Carmen, la misma que fue traída desde Villa Occidental por el fundador de la ciudad, el Comandante Don Luis Jorge Fontana y sus acompañantes. Una plaqueta de bronce lo recuerda con solemnidad: «Esta imagen es la fundadora y Patrona de Formosa». Desde entonces, acompaña con maternal presencia cada paso de la historia local.

La devoción por la Virgen trasciende fronteras
La Virgen del Carmen no es sólo símbolo espiritual: también es parte de la institucionalidad formoseña. En 1947, por Decreto del Gobierno Nacional, fue nombrada Generala del Ejército Argentino, distinción visible en la banda celeste y blanca que cruza su pecho. En 1953, su imagen peregrinó por todo el territorio provincial para avivar la devoción del pueblo. En 1960, la Ley Provincial N°168 —ratificada por Decreto N°295/79— la consagró como Patrona de Formosa y estableció el 16 de julio como feriado provincial. Seis años después, en 1966, recibió la Corona Pontificia tallada en oro, impuesta por el Obispo Fray Pacífico Scozzina, en nombre del Papa Pablo VI. Estos reconocimientos no hacen más que reflejar el profundo amor de un pueblo por quien consideran su protectora.
Pero la devoción no está reservada a la orilla argentina: cruza el río Paraguay para encontrarse de puerto a puerto con los fieles de Alberdi, en Paraguay, en un gesto de fraternidad que no entiende de fronteras políticas. Cada 16 de julio, en una procesión que reconecta tierras y corazones, esa procesión náutica se convierte en acto de comunión regional.
Simboliza no solo una devoción histórica, sino una identidad compartida. Esa identidad hermanada con la figura maternal de María, que ofrece protección y reconforta en medio de crecidas del río, inundaciones y adversidades.

La fiesta patronal en Formosa
La fiesta patronal en Formosa comienza mucho antes del 16 de julio. Desde el 7 de julio se reza la novena con el lema «Junto a María, seamos una Iglesia Sinodal que escucha y acompaña, en misión»; hay rosarios de la aurora, procesiones, misas infantiles con chocolate, serenatas y oraciones hasta la medianoche . Cada acto –ya sea en la Catedral de Formosa, en calles engalanadas, o en la ribera paraguaya de Alberdi– es una reafirmación de comunidad, fe y pertenencia.
Pero más allá del ritual, el corazón de esta celebración late en su capacidad para unir. Cuando la imagen atraviesa el río en procesión náutica y es recibida en la parroquia de Alberdi, se reitera un pacto de fraternidad regional. No es un gesto protocolar, sino el reflejo de una realidad sociocultural: muchos formoseños cruzan a diario a Alberdi por razones comerciales, médicas o familiares . Los puentes (literal y simbólicamente) están en el aire desde hace décadas. La Virgen del Carmen hace de esa devoción compartida una base para fortalecer vínculos –incluso cuando la política tensa las aguas o se alzan barreras administrativas.

La Virgen y su legado
En 2014, en medio de una crecida preocupante, la procesión marchó más allá de su recorrido habitual: alcanzó el puerto y se rezó para pedir que las aguas retrocedieran. Al día siguiente, el río bajó, y muchos interpretaron ese alivio como signo de protección divina.
Pero el río no siempre es escenario de armonía. Las crecientes recientes, el malestar por controles o restricciones, pandemias y limitaciones han puesto a prueba la capacidad de encuentro. Aún así, la Virgen del Carmen insiste en su mensaje: somos una sola comunidad. Cada canción, cada misa, cada saludo al paso de la imagen en formoseño o paraguayo, refuerza ese lazo.
En Alberdi, los feligreses esperan recibir a la imagen como cada año. Dentro de la parroquia, en las casas, las calles, las embarcaciones, se canta y se llora de emoción. Se sienten «bendecidos» por una Madre que no conoce de fronteras, pues la fe que ella representa por un instante las disuelve.
La Virgen del Carmen, en este rincón compartido entre Argentina y Paraguay, es más que figura religiosa. Para sus fieles representa la voz de quienes comparten la historia: desde los fundadores que la trajeron traían consigo una necesidad de amparo, hasta los franciscanos que, desde 1953, hicieron peregrinar su imagen por toda la provincia para «abrazar» a cada comunidad.

Para el 16 de julio, cuando crepiten las bombas de estruendo, caigan pétalos y se escuche el retumbar de tambores y oraciones en ambos márgenes, estaremos celebrando algo más que una fecha del calendario. Estaremos celebrando una vocación compartida de pertenecer juntos a un mismo destino.
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