El INDEC reportó una reducción en los niveles de pobreza e indigencia en Argentina, pero un análisis más detallado de la metodología utilizada revela inconsistencias que podrían estar distorsionando la realidad social del país. De acuerdo con el informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), hay aspectos clave en la medición de la pobreza que merecen una revisión. En esta nota de NEA HOY, desglosamos los puntos fundamentales de este análisis.
La subestimación de los servicios y su impacto en la medición de la pobreza
El CEPA señala que «el peso de lo no alimentario, en particular los servicios y el transporte, en la estructura de consumo de los hogares está muy por debajo de su peso real actual». Esto ocurre porque los rubros no alimentarios, que tienen un impacto crucial en el gasto de los hogares, no se reflejan adecuadamente en la Canasta Básica Total (CBT).

A pesar de que en los últimos meses los precios de los servicios y el transporte han aumentado considerablemente, esta inflación no se refleja correctamente en la medición. Como resultado, «una mayor cantidad de hogares aparece por encima de la línea de pobreza, incluso cuando sus ingresos no han tenido un crecimiento significativo en términos reales».
Apreciación cambiaria y sostenibilidad en la baja de la pobreza
La política cambiaria implementada por el gobierno de Javier Milei, especialmente la apreciación del tipo de cambio, ha sido una herramienta para contener la inflación y reducir temporalmente los niveles de pobreza. Sin embargo, el informe del CEPA advierte que «la apreciación cambiaria, aunque redujo temporalmente la pobreza, es insostenible en el tiempo y está condicionada a la estabilidad del tipo de cambio».
Si la presión sobre el dólar aumenta y el gobierno se ve forzado a devaluar, «los precios—especialmente los de los alimentos—podrían dispararse, deteriorando el poder adquisitivo y revirtiendo los avances en la reducción de la pobreza e indigencia».

La relación entre salarios y la Canasta Básica Total
Uno de los datos más reveladores en el informe es la relación entre la mediana salarial y la CBT. Según el CEPA, «la mediana salarial neta pasó de superar a la CBT en 12 puntos a quedar por debajo de la misma en 11,3 puntos, lo que significa una retracción de 23,3 puntos».
Este fenómeno refleja que los salarios no han logrado recuperar el poder adquisitivo perdido durante la gestión de Cambiemos. En la actualidad, «durante la gestión de Milei, esta relación llegó al mínimo histórico (74,1%), lo que refleja una caída significativa en el poder adquisitivo de la población».

Además, en términos generales, el informe revela que «en el segundo semestre de 2024, la pobreza afectó al 38,1% de la población y la indigencia al 8,2%. Aunque estos números muestran una disminución respecto al año anterior, es importante tener en cuenta que esta mejora podría ser solo temporal debido a factores como la apreciación cambiaria«. Por lo tanto, se puede inferir que la medición de la pobreza no refleja de manera adecuada las condiciones reales de los hogares.
Expectativas para 2025: ¿se mantendrán los avances y la baja de la pobreza?
El CEPA también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de los avances en la medición de la pobreza para 2025. Según su análisis, «se anticipa que los precios volverán a acelerarse debido a una posible devaluación, lo que afectaría especialmente a los alimentos».
En este contexto, si el gobierno se ve obligado a devaluar debido a la falta de reservas, «los precios podrían aumentar abruptamente, afectando el poder adquisitivo de los hogares y revirtiendo los avances logrados en la reducción de la pobreza e indigencia». Además, se prevé que «el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) continúe perdiendo poder adquisitivo, y los planes sociales seguirán perdiendo valor si no se actualizan».

En resumen, aunque los datos del INDEC muestran una mejora en los niveles de pobreza e indigencia, el CEPA señala que estas cifras podrían no reflejar la verdadera situación económica de los hogares argentinos. El uso de metodologías cuestionables, como la subestimación de los servicios, y la dependencia de factores externos, como la política cambiaria, dejan abierta la duda sobre la fiabilidad de estas mediciones.
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