El rey de España no sabía qué cara poner cuando Abdalá Bucaram le regaló su flamante disco «Loco enamorado». A pesar del reconocido buen humor del Rey, se abstuvo de hacer cualquier comentario frente al líder estatal más excéntrico, para no decir estrafalario, que haya marcado la historia de Ecuador y quizás toda América. ¿Qué se puede decir ante un presidente que disfrutaba ser llamado «Loco» y cuyo gobierno se caracterizaba por sus extravagancias?
Abdalá Jaime Bucaram Ortiz fue presidente de la República del Ecuador hasta el 6 de febrero de 1997. El abogado y fundador del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) llegó al poder con la promesa de terminar con las élites económicas, el poder financiero y los medios de comunicación. Ganó el balotaje con casi el 55% de los votos.
Su gobierno duró apenas seis meses, puesto que se ganó el repudio popular debido a su bochornosa conducta, los múltiples escándalos de corrupción y su plan económico neoliberal.
La situación fue aprovechada por el Congreso, que lo destituyó en febrero de 1997, alegando “incapacidad mental” de Abdalá Bucaram para gobernar. Fue sustituido por el presidente del parlamento, Fabián Alarcón, cuando el cargo le correspondía a la vicepresidenta Rosalía Arteaga. Por su parte, Bucaram huyó a Panamá.
Abdalá Bucaram, el loco que canta
Bucaram ya había cantado y bailado en el escenario de sus actos de campaña. Sin embargo, decidió ir un paso más allá en su carrera musical: en octubre de 1996 publicó el disco “Un loco que canta”. En su defensa, durante la presentación del disco presentación, transmitida en directo a todo Ecuador dijo:»Soy loco porque canto, ¿y quién no canta?»
Aunque las protestas contra Bucaram tuvieron su génesis en su enfoque económico, su estilo de gobernar errático y ostentoso generó descontento y vergüenza entre muchos ecuatorianos. «La combinación de paranoia, grandilocuencia y alarde es típicamente Bucaram», destacó «The Wall Street Journal» al referirse al entonces candidato populista.
Siendo todo un showman, Bucaram solía acompañarse de la banda de rock uruguaya “Los Iracundos”, animando a la multitud con baladas pop y versiones en español de éxitos como «El rock de la cárcel», antes de pronunciar sus discursos “anti oligárquicos”. En el escenario, se jactaba de ser el Mick Jagger de la política, incluso tras asumir la presidencia.
Peleas y nepotismo
Desde el instante en que ascendió a la presidencia, se lanzó de frente contra todos los poderes establecidos: partidos políticos, ex presidentes, sindicatos, banqueros e incluso los obispos. Para él, algunos eran corruptos, otros incompetentes, mentirosos, conspiradores, sin visión, etc. Cada uno tenía su propio sobrenombre creado por Abdalá Bucaram.
No le faltaba persona a quien insultar. En un debate parlamentario llegó a decir de su contrincante: «¿Qué consejos me puede dar un hombre que tiene el esperma aguado?». Además llamó a su adversario de campaña, Jaime Nebot, “el anticristo mismo”. Lo cual podría haber sido hasta leve, pero el problema es que hizo enojar a las señoras de clase media y alta al decir que «las obligaría a trabajar junto con sus criadas para que aprendan lo que es la dignidad”.
El desprestigio de Bucaram como presidente provocó que su popularidad cayera a menos del 13%.
Desde que Abdalá ascendió al poder, su nepotismo trajo acusaciones por parte de los opositores, quienes decían que Bucaram “expoliaba Ecuador como si fuera una finca de su propiedad». La creciente corrupción vinculada a su peculiar estilo de gobierno también irritó a la población.

Una de las tantas cosas que le jugaron en contra fue cuando el embajador norteamericano, Leslie Alexander, rompió los moldes diplomáticos al afirmar que la deshonestidad sistemática estaba afectando al clima de inversión en Ecuador. El analista Raúl Elizarde señaló que Bucaram «ha movido todas las cuerdas políticas de manera equivocada», uniendo a sus enemigos en un frente común que propició su destitución por el Congreso.
Pero la chispa del paro nacional que siguió la mayoría de la población la provocó la aplicación de un duro plan de austeridad económica que empobreció aún más a una población con escasos ingresos y que sólo fue aplaudido por Wall Street y el Banco Mundial.
Dolarización y Cavallo
“Cavallo encontró un defensor de sus políticas en Ecuador” reza la nota de un famoso medio nacional de 1996. Los argentinos estamos en todos lados, así que no es sorpresa que Domingo Cavallo haya sido una pieza fundamental en el gobierno de Abdalá Bucaram.
Su plan económico se asentaba en la convertibilidad de cuatro nuevos sucres por dólar estadounidense respaldados totalmente por la reserva monetaria internacional, es decir, dolarizar.
Implementó un sistema económico y financiero neoliberal ideado por el economista Domingo Cavallo que aumentó el costo de servicios básicos como el gas doméstico, la electricidad, el agua potable y los teléfonos, produciendo fuertes protestas a nivel nacional y paros que aceleraron su derrocamiento.
Vale recordar que a Cavallo lo llamó Fernando de la Rúa para ponerse al frente del Ministerio de Economía. Una encuesta de la consultora Nueva Mayoría indicaba que el 72% de la población estaba a favor de su nombramiento, y además que era el político medido con mayor imagen (50%). Sus medidas llevaron al infame Corralito.

Destitución
«¡Basta ya, payaso!», gritaron cientos de miles de manifestantes que pedían la renuncia de Bucaram por «enajenación mental». De hecho, hasta la huelga general que paralizó el país durante dos días, el controvertido líder populista lucía como una medalla de honor su apelativo de «Loco».
«Los locos hablamos desde el corazón y vemos con el alma lo que otros no pueden percibir», gritó ante una multitud que, poco después, se volvió en su contra al sentir el peso de sus decisiones económicas. Después de manifestaciones populares en el país, el 5 de febrero de 1997, una serie de organizaciones sociales convocan a una marcha en todas las ciudades del país, para expresar su repudio a la administración de Bucaram.
El diputado Franklin Verduga, presentó una moción en el Congreso Nacional con el objetivo de destituirlo de la presidencia de la república, alegando incapacidad mental. La moción fue apoyada por 44 diputados del Partido Social Cristiano y de Democracia Popular. Sus partidarios alegan que la misma se realizó sin examen médico alguno y con 44 votos de 82 posibles lo que representaban una mayoría simple.
En repetidas ocasiones, Abdalá Bucaram se jactó de ser «loco». «A Cristo lo tildaron de loco y lo crucificaron, a Gandhi lo llamaron loco y lo asesinaron. Llaman loco a Abdalá y no sé si me matarán,” exclamó Bucaram en un acto político durante su campaña. Es al día de hoy que la destitución por «enajenación mental» resultó ser una gran ironía para aquel que se jactaba de ser “el loco”.
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