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Domingo 19 de mayo de 2024
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Cuando los discursos de odio “matan”

El triple crímen de Barracas fue un crimen de odio, un odio que se construye a través de múltiples discursos que legitiman la violencia hacia las minorías.

El triple crímen de Barracas fue un crimen de odio, un odio que se construye a través de múltiples discursos que legitiman la violencia hacia las minorías.

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“Nos parece injusto hablar solo de este episodio cuando hay mujeres y hombres que sufren violencia y es más abarcativo”, respondió el Vocero Presidencial, Manuel Adorni, ante el asesinato de Pamela Fabiana Cobbas, Roxana Figueroa y Andrea Amarante, quienes fueron atacadas en el lugar donde vivían por su vecino. El asesino, Justo Barrientos, les decía “engendros” por su condición sexual y arrojó una molotov a la habitación donde dormían. Así se articulan (y “matan”) los discursos de odio.

Un dato que hay que tener en cuenta de los dichos de Adorni fue su intento de buscar no detenerse en que se trató de un crimen que, detrás, tiene a la condición de género. Vayamos primero por el caso. 

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Triple crimen

El domingo falleció Andrea Amarante, una de las víctimas del incendio intencional ocurrido el lunes pasado por la madrugada en un hotel familiar de Barracas, Capital Federal. Fue ingresada a la Unidad de Terapia Intensiva, donde permaneció hasta fallecer. Dado su grave estado de salud, no pudo ser trasladada al Instituto del Quemado.

Así, el caso se convirtió en un triple crimen. Pamela Cobbas y su pareja, Roxana Figueroa, fueron las primeras víctimas en perder la vida en el trágico incidente. Ambas compartían habitación con Amarante y Sofía Castro Riglos. Pamela fue la primera en fallecer, sucumbiendo al día siguiente en el Instituto del Quemado. Roxana perdió la vida, dos días después, mientras estaba internada en el mismo lugar.

El acusado por los crímenes es Justo Barrientos, quien según testigos ya había amenazado a las mujeres. “Él ya las había amenazado una vez. Fue en la última Navidad. Les dijo que las iba a matar a las dos (Pamela y Mercedes) y mirá lo que pasó ahora”, dijo Diego Hernán Britez, vecino de la pensión. “Cuando salieron de la habitación prendidas fuego, él les pegó y las empujó adentro al fuego de vuelta”, afirma Sergio, otro vecino.

Frente del hotel familiar de Barracas donde vivían las víctimas.

Lesbicidio: un acto de odio a lesbianas

Diego afirma haber sido testigo de varias disputas verbales entre el hombre y las mujeres durante los dos años en que ellas residieron en el lugar. Reconoce que a Barrientos le desagradaba su condición de lesbianas. “Discutían bastante. Ellas llamaron a la policía una vez y entiendo que lo habían denunciado. Él les decía ‘engendros’ por su condición sexual. Les decía ‘tortas’, ‘gorda sucia’”, explicó Britez.

“El ataque nos produce profundo dolor y enojo: no fue un hecho cualquiera. Fue un acto de odio hacia las lesbianas. El crimen ocurrió en un contexto de extrema precariedad de la vida, donde las cuatro vivían hacinadas en una habitación, y donde diariamente las identidades LGTBQI+ somos foco del aumento de la violencia”, expresaron desde el colectivo Autoconvocades Lesbianes por Barracas.

Es decir que lo polémico es que la violencia se originó por un rasgo de las víctimas, su orientación sexual. Por eso se habla de un crimen de odio, un acto de inmensa crueldad. Aunque no se puede afirmar que los discursos de odio tengan una influencia directa en los crimenes, sí es cierto que estos discursos resuenan en la mente de los perpetradores, de alguna manera, validándolos.

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¿Qué son los discursos de odio y cómo se amplifican?

El discurso de odio es la acción comunicativa que tiene como objetivo promover y alimentar una opinión prejuiciosa, errónea, estigmatizante y destructiva hacia un grupo de individuos históricamente marginados.

Lo cual es mucho peor cuando provienen de lugares legitimados de poder, como son el Estado que debe brindar absoluta imparcialidad y justicia, los medios de comunicación, o incluso los líderes de opinión. Nicolás Márquez es el biógrafo que en la Feria del Libro presentó su última obra: “Javier Milei, la revolución que no vieron venir”.

En una sala con capacidad para dos mil personas, apenas unas doscientas ocuparon las primeras filas, la mayoría de las cuales eran amigos cercanos del protagonista. Quienes sí fueron muchos fueron quienes se manifestaban afuera, con pancartas, en rechazo a la presencia de Nicolás Márquez.

¿Por qué? Por que días antes, en una entrevista con una radio nacional, Márquez dijo que “la homosexualidad es una desviación moral que, además, provoca numerosas enfermedades, tendencias adictivas y una proyección de vida de 25 años menos que los heterosexuales”.

Convocatoria por el asesinato lesbofobico perpetuado por Justo Fernando Barrientos.

¿Para qué sirven los discursos de odio?

Los discursos de odio sirven para dividir. Sirven para señalar y marginalizar al otro alimentándose no sólo de los prejuicios que uno aprende y lleva consigo sino también de las desigualdades sistemáticas que el propio perjurio alimenta.

Quien cree que todo es fruto de su propio esfuerzo y adhiere fervientemente a la meritocracia jamás se juntaría con quienes ni siquiera considera sus pares en pos de una igualdad social y económica.

Los discursos de odio también alimentan ese chivo expiatorio que proponen los gobiernos de derecha donde lo que no es retribuido a una persona o lo que le falta, es porque se lo están dando a uno de los grupos marginalizados que hacen odiar.

No es casual que uno de los primeros en culpar de todos los males sean el “feminismo” o “la agenda LGTB” para no decir como en verdad los llaman. El porcentaje del PBI utilizado en políticas de género es ínfimo e insignificante y aún así, son los primeros en ser demonizados a la hora de buscar un culpable a todos los males.

Dicho de un modo más práctico: el Ministerio de las Mujeres fue disuelto y llevado a un rango menor, pero aún así, los problemas del país persisten y se empeoran. Sin embargo, previo al cierre (mucho antes) hubieron discursos que sirvieron para ir desmantelando políticas de género.

La invisibilización de los discursos de odio

El odio y la violencia están mal, eso es un consenso básico que todavía no hemos perdido. Sin embargo, negar el porqué de la violencia puede ser muy peligroso, porque de esa manera se normalizan y se aceptan ideas que no deberían pasar.

La forma en que se diluyen estos discursos es negar absolutamente las razones por las cuales ese crimen se cometió, diluir a un grupo perseguido y discriminado, las lesbianas, en “todas las víctimas”, es hacernos creer que es un crimen como cualquier otro, repudiable solo en esos términos.

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Es lo mismo que sucedió con el movimiento “Ni una menos” donde se buscaba poner un fin a los femicidios y del otro lado respondieron con “Nadie menos”. Mover el arco de esa manera sólo evita que se no se tengan las conversaciones que como sociedad debemos tener ante el odio a las minorías o a los grupos más vulnerables.

No es casual que ante este crimen, muchas personas traigan a colación el caso de Lucio Dupuy, donde las victimarias eran una pareja de mujeres lesbianas. El crimen, si bien repudiable ya fue saldado, ¿por qué relacionarlo a estos femicidios? ¿O es que se quiera justificar que las víctimas merecían morir solo porque tenían la misma orientación que las asesinas de Lucio? 

Más allá de estas preguntas, lo cierto es que estos discursos buscaron cuestionar lo que el feminismo “debió” hacer ante el infanticidio de Lucio que hablar sobre el crimen de odio que significaron los femicidios. 

El Estado ante los discursos de odio

Este tipo de discursos y su justificaciones afloran en todos lados pero particularmente en las redes sociales, lo que hace replantearse hasta dónde llega la libertad. Pascual Calicchio, Secretario General de la Defensoría dijo: “Dado el rol fundamental, la responsabilidad social y la actividad de interés público que realizan actores del ámbito digital, se deben adoptar medidas legislativas e institucionales que equilibren la relación desigual existente entre las plataformas sociales y sus usuarios.”

Pero dichas medidas aún no existen, contamos con la autorregulación y con eso no basta, “son necesarias regulaciones legales que fijen principios, estándares y criterios sobre la responsabilidad de las plataformas; así como una institucionalidad independiente, autónoma y creada por ley que represente, promueva y defienda los derechos de los colectivos de usuarios vulnerabilizados,” agregaron desde Defensoría.

Para los discursos de odio, hoy en día se necesitaría una regulación equilibrada y respetuosa de la libertad de expresión y de los derechos de sus usuarios, pero no debemos olvidar que los derechos dejan de ser derechos cuando empiezan a perjudicar a los demás, como son los discursos de odio.

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