El consumo de combustibles en Argentina volvió a encender las alarmas sobre el estado de la economía. Durante el primer semestre de 2026, las ventas alcanzaron su nivel más bajo para ese período desde 2021, un dato que refleja la desaceleración de la actividad económica y el deterioro del mercado interno.
Según los datos de la Secretaría de Energía, entre enero y junio se comercializaron 8,21 millones de metros cúbicos de combustibles, lo que representa un retroceso del consumo a niveles observados durante la salida de la pandemia, en el 2021. Respecto al período del 2025, las ventas exhiben un descenso del 1,3%, traccionado por el gasoil (-1,8%) y en menor nivel, por la nafta (-1,0%). Las provincias con los peores desempeños del semestre fueron Santa Cruz (-6,5%), Misiones (-8,1%) y Corrientes (-9,4%).
Solo en junio, las ventas al público registraron una caída interanual del 2,9%, acumulando cinco meses consecutivos de retrocesos. La baja impactó tanto en las naftas, que descendieron un 1,9%, como en el gasoil, cuya comercialización cayó un 4,2%, un indicador especialmente sensible por su estrecha relación con el transporte de cargas, la logística y la actividad productiva. Por otro lado, contra el mes previo (mayo 2026) las ventas de junio tuvieron un descenso del 6,2%.

En cuanto al Norte Grande, en algunos distritos las ventas de combustibles se desplomaron más del 10% durante junio, alcanzando caídas de hasta el 11,3%, lo que evidencia un freno más pronunciado de la actividad económica en esa región. Sin embargo, se está ante una situación generalizada ya que 19 provincias tuvieron bajas.
La actividad económica continúa sin recuperarse
El retroceso en el consumo de combustibles acompaña otros indicadores que muestran que la economía argentina continúa atravesando un escenario recesivo. De acuerdo con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), la actividad cayó un 0,5% en mayo respecto de abril, registrando así la segunda contracción mensual consecutiva.
A pesar del buen desempeño de algunos sectores específicos, como el agro y la energía, que muestran un crecimiento cercano al 36% en comparación con 2023, ese impulso no alcanza para compensar la caída que experimentan las actividades vinculadas al consumo interno, el comercio y la industria.

La industria y el consumo siguen mostrando debilidad
La retracción económica también se refleja en otros indicadores. La actividad metalúrgica registró en junio una caída interanual del 4,6%, mientras que la utilización de la capacidad instalada del sector se ubicó en apenas el 40,8%, uno de los niveles más bajos de los últimos años. Por su parte, el consumo masivo de bienes también continúa en descenso. En mayo cayó un 1,6% interanual y se ubicó un 10,3% por debajo del promedio registrado durante el año anterior, lo que confirma la pérdida de dinamismo del mercado interno.
En ese contexto, el retroceso de las ventas de combustibles hasta niveles de 2021 se consolida como uno de los principales indicadores del enfriamiento económico. Al tratarse de un insumo transversal para el transporte, la producción y el consumo, su comportamiento refleja el menor movimiento de personas y mercaderías, así como la persistencia de una actividad económica que en líneas generales está a la baja.
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