La actividad metalúrgica acumuló una retracción del 6% en lo que va de 2026 y registró uno de los niveles más bajos de utilización de capacidad instalada desde la pandemia. Mientras el Gobierno apuesta a la apertura económica, el sector advierte sobre la pérdida de producción, empleo y competitividad frente al
La crisis industrial continúa profundizándose en la Argentina de Javier Milei. Según el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad metalúrgica registró una caída interanual del 5,1% en abril y acumula un retroceso del 6% en los primeros meses de 2026, reflejando las dificultades que atraviesa uno de los sectores estratégicos para el desarrollo productivo y la generación de empleo.
Los números muestran una realidad preocupante: la utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 39,8%, uno de los registros más bajos de toda la serie histórica y el peor nivel desde los meses más críticos de la pandemia. En otras palabras, más de seis de cada diez máquinas permanecen paralizadas en las fábricas argentinas.
El dato cobra especial relevancia porque la administración libertaria sostiene que la economía atraviesa un proceso de recuperación. Sin embargo, la situación de la industria metalúrgica parece ir en sentido contrario. La caída de la demanda interna, el freno de la inversión productiva y el aumento de las importaciones aparecen entre los principales factores que explican el deterioro.

La apertura importadora genera alarma en el sector
Desde ADIMRA advierten que la competencia de productos importados se produce cuando las fábricas argentinas trabajan muy por debajo de su potencial, lo que agrava la pérdida de mercado para la producción local y pone en riesgo puestos de trabajo. La preocupación no es menor. La experiencia reciente demuestra que los procesos de apertura comercial sin mecanismos de protección para la industria suelen traducirse en cierres de plantas, suspensiones y despidos.
La caída de la actividad ya comenzó a reflejarse en el mercado laboral. El empleo metalúrgico registró una baja interanual del 2,2%, mientras que la dotación de personal también retrocedió respecto al mes anterior.
En distintos polos industriales del país la situación se vuelve cada vez más delicada. En la zona de San Nicolás y Ramallo, por ejemplo, ya se contabilizan más de 300 puestos de trabajo perdidos durante 2026 entre cierres de empresas, despidos y contratos discontinuados. La contracción del empleo industrial representa uno de los principales desafíos para una economía que todavía no logra transformar la desaceleración de la inflación en una recuperación sostenida de la producción y el consumo.

Un deterioro que alcanza a casi toda la cadena productiva
Los números negativos se repiten en prácticamente todos los rubros metalúrgicos. Fundición encabezó las caídas con una baja del 8,9%, seguida por maquinaria agrícola (-8,6%), bienes de capital (-6,8%) y equipamiento médico (-6,3%). También registraron retrocesos las autopartes, los equipos eléctricos y otros productos metálicos. La situación es especialmente significativa porque varios de estos sectores son considerados motores de la actividad económica, al abastecer a industrias clave como la construcción, el agro, la minería y el sector automotor.
Por cadenas de valor, el agro fue el segmento más afectado con una caída del 9,5%, seguido por minería (-5,6%), consumo final (-5,5%) y automotriz (-4,6%). El panorama para los próximos meses tampoco ofrece demasiado optimismo. Según el relevamiento de ADIMRA, siete de cada diez empresas no esperan mejoras en sus niveles de producción durante el próximo trimestre.
La falta de expectativas positivas refleja la incertidumbre que atraviesa el sector productivo. Mientras el Gobierno nacional destaca la estabilización macroeconómica y la reducción de la inflación, buena parte del entramado industrial continúa operando con niveles mínimos de actividad.
En ese contexto, los últimos datos de ADIMRA vuelven a encender una advertencia sobre el rumbo de la industria argentina: la estabilización macroeconómica todavía no logra traducirse en crecimiento productivo, generación de empleo ni fortalecimiento del aparato industrial nacional.
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