La Defensoría del Pueblo de la Provincia de Formosa alertó que la deuda pública argentina volvió a marcar un récord y superó los 483.830 millones de dólares a marzo de 2026. Según el organismo, esto representa un incremento cercano al 30% desde diciembre de 2023, en contraste con el discurso del Gobierno nacional que sostiene que el endeudamiento no creció.
De acuerdo con el balance cambiario del Banco Central de la República Argentina, durante la actual gestión se registró un ingreso significativo de divisas por deuda externa que no se tradujo en acumulación de reservas ni en un fortalecimiento de la economía real. Desde la Defensoría señalaron que el problema central radica en el destino de esos fondos, que —lejos de apuntalar la actividad— terminan alimentando la salida de capitales. «El Gobierno afirma que no tomó deuda, pero los datos muestran que sí hubo ingreso de financiamiento externo, utilizado principalmente para cubrir compromisos financieros y fuga de capitales«, indicaron.
Ingreso de dólares sin impacto en la economía
Según datos actualizados a marzo de 2026, desde diciembre de 2023 ingresaron unos 47.000 millones de dólares netos en concepto de deuda externa, incluyendo desembolsos de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y préstamos financieros. En ese marco, el Ministro de Economía, Luis Caputo, tomó 2.000 millones de dólares del Banco Mundial, que se suman al incremento de 15.000 millones en la deuda con el FMI.
Para la Defensoría, el resultado es un circuito en el que el endeudamiento termina financiando la salida de divisas: «los dólares entran por una ventanilla y salen por la otra«, describieron, al señalar que se trata de un esquema recurrente en la economía argentina.
Este funcionamiento también impacta sobre las reservas internacionales. En paralelo, los depósitos en dólares tuvieron un fuerte impulso en 2024 a partir del blanqueo, que aportó más de 20.000 millones de dólares al sistema financiero. Sin embargo, parte de esos fondos se retiró hacia fines de ese año, lo que evidenció la fragilidad de ese crecimiento.

Un modelo sostenido por el endeudamiento
El informe advierte que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una estructura económica basada en la dependencia financiera. En ese esquema, el Estado nacional enfrenta fuertes compromisos externos, mientras que las provincias ajustan sus estrategias fiscales.
Al mismo tiempo, las empresas recurren al crédito para sostener su actividad en un contexto de baja demanda, y los hogares se endeudan para cubrir gastos básicos. De este modo, el endeudamiento deja de ser un motor de desarrollo para convertirse en un mecanismo de contención frente a una economía debilitada.
Aunque el Gobierno nacional sostiene su estrategia en la estabilización macroeconómica, desde la Defensoría remarcaron que los indicadores reflejan un escenario adverso, marcado por la caída de ingresos, la contracción del consumo y una creciente dependencia del crédito. En este contexto, Argentina continúa entre los principales deudores del FMI, con compromisos que condicionan la política económica interna y priorizan el ajuste fiscal por sobre el crecimiento.

Presión sobre empresas y aumento de la morosidad
El sector privado también muestra señales de tensión. La deuda externa de las empresas crece mientras se debilita la demanda interna, con sectores como la industria, la minería y el comercio concentrando gran parte del endeudamiento.
Uno de los indicadores más críticos es el aumento de la morosidad. Los cheques rechazados alcanzaron niveles récord y el monto involucrado se multiplicó en pocos meses, lo que evidencia una fuerte presión sobre el capital de trabajo y un efecto contagio en la cadena de pagos, con impacto directo en el empleo.
El deterioro económico se refleja con mayor crudeza en las familias. Según el informe, seis de cada diez hogares se endeudan para cubrir gastos básicos y nueve de cada diez tienen dificultades para afrontar sus obligaciones. La morosidad crece especialmente en créditos de fácil acceso, como los ofrecidos por plataformas fintech, donde alcanza niveles alarmantes. Este fenómeno confirma un cambio estructural: la deuda ya no está asociada al consumo, sino a la subsistencia.
Fuente: Defensoría del Pueblo de Formosa
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