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Efectos de la guerra: fertilizantes caros y nafta más costosa amenazan la producción del NEA

El conflicto bélico desatado en Medio Oriente sacude los mercados globales y golpea de lleno a la región: más del 60% de la urea que consume Argentina proviene de la zona en guerra, mientras el precio del combustible ya empezó a escalar en los surtidores.
Fuente: A24

Lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia tiene un nombre muy concreto en Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones: más costos, menos margen y mayor incertidumbre para el productor agropecuario. La operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel sobre Irán, que ya lleva más de una semana de bombardeos y represalias cruzadas, desestabilizó una región que no es solo políticamente sensible: es el corazón del suministro mundial de fertilizantes nitrogenados y una arteria vital para el comercio global de petróleo y gas.

El Estrecho de Ormuz, ese angosto corredor marítimo ubicado entre Irán y la Península Arábiga, concentra el paso del 20% del petróleo mundial y la totalidad del gas natural licuado de Qatar, tercer exportador mundial del recurso. Con el estrecho bloqueado de facto y las aseguradoras elevando las primas de riesgo para los buques que se aventuran en la zona, la cadena logística global entró en zona de turbulencias con consecuencias que ya se sienten en los mercados internacionales y comienzan a asomar en la economía doméstica.

El campo del NEA, en el ojo de la tormenta

Para el agro regional, la primera señal de alarma viene de los fertilizantes. Según datos oficiales, el 63% de la urea granulada importada por Argentina en 2025 provino precisamente de la zona actualmente en conflicto. El principal origen fue Omán, que aportó el 16% del total, seguido por Turkmenistán (14,2%), Qatar (12,5%) y Emiratos Árabes Unidos (3,8%). Volúmenes menores llegaron desde Arabia Saudita, Egipto y Azerbaiyán.

En total, el año pasado ingresaron al mercado argentino 1,52 millones de toneladas de urea, insumo indispensable para la campaña de granos finos. En el NEA, eso incluye cultivos de trigo y cebada que ya venían sufriendo una relación desfavorable entre el precio del grano y el costo del fertilizante antes del estallido del conflicto. Con la guerra, esa ecuación se deteriora todavía más.

Si el enfrentamiento se extiende por semanas o meses, el abastecimiento de urea para la campaña 2026/27 podría quedar comprometido, tanto por caídas en la producción como por dificultades en el transporte y el encarecimiento de los fletes. Algunas plantas de fertilizantes en la región ya suspendieron operaciones ante ataques misilísticos iraníes, mientras otras siguen funcionando en un clima de enorme incertidumbre. Las navieras, por su parte, empezaron a cobrar fletes sensiblemente más altos o directamente evitan la zona, lo que reduce la oferta disponible y presiona los precios al alza por partida doble.

La nafta: otro frente que preocupa

El segundo impacto llega a través del petróleo. Desde el inicio de los ataques, el crudo Brent acumula una suba cercana al 20%, con cotizaciones que rondan los 84 dólares por barril. Analistas advierten que, si el conflicto se prolonga o se bloquea definitivamente el Estrecho de Ormuz, el precio podría escalar hasta los 100 dólares, un nivel no visto en años.

En Argentina, el precio de los combustibles está atado a la cotización internacional, política que el gobierno de Javier Milei profundizó en los últimos años. Durante 2025, mientras la inflación general marcó 31,5%, los combustibles subieron 41,8%, es decir, diez puntos por encima del índice general de precios. Si el crudo continúa en alza sostenida, nuevos aumentos en los surtidores serán prácticamente inevitables en las próximas semanas.

Ese encarecimiento impacta directamente en los costos de transporte, maquinaria agrícola y logística rural, rubros críticos para cualquier explotación agropecuaria y especialmente sensibles en el noreste argentino, donde las distancias a los centros de comercialización y a los puertos de exportación son considerablemente mayores que en otras regiones productivas del país.

Mientras el estrecho de Ormuz sigua cerrado, el precio del crudo subirá sin control.

El doble golpe para una economía regional vulnerable

Para el productor del NEA, el escenario combina lo peor de dos mundos: insumos más caros y combustible más costoso al mismo tiempo, en un contexto en que los márgenes ya eran ajustados antes de que estallara el conflicto. La infraestructura vial deficiente y la lejanía de los puertos hacen que cualquier aumento en los costos operativos se sienta con mayor intensidad que en la Pampa húmeda.

Los analistas consultados en distintos medios especializados coinciden en que el factor determinante será la duración de la guerra. Si el conflicto concluye en pocas semanas, los daños económicos serán acotados y los precios podrían estabilizarse. Pero si se extiende dos meses o más, el shock podría ser significativo: presión inflacionaria sobre alimentos, energía y producción agropecuaria de manera simultánea, con impacto directo sobre la planificación de la siembra en toda la región.

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