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Violencia vicaria: cuando la crueldad hacia los hijos se convierte en castigo hacia las madres

El crimen de Coronel Suárez volvió a poner en evidencia una de las formas más extremas y silenciadas de la violencia de género: la violencia vicaria. Lejos de tratarse de un hecho aislado o impulsivo, el asesinato de un niño para dañar a su madre expone patrones claros, responsabilidades institucionales y la necesidad urgente de nombrar y visibilizar este tipo de violencia para prevenirla.
La violencia vicaria Se trata de un tipo de violencia de género donde no solo es afectada la mujer. (Foto: Unidiversidad)

El crimen ocurrido en Coronel Suárez, en la provincia de Buenos Aires conmocionó al país  y volvió a poner en primer plano una forma extrema de violencia de género de la que no se habla mucho. Gustavo Suárez asesinó a su hijo de 4 años y luego se suicidó. Antes, llamó a su expareja y madre del niño para anunciarle lo que iba a hacer y dejó una carta en la que la tacha de culpable por sus propios actos. El hecho no fue impulsivo ni aislado, fue calculado para lastimar a una mujer. El anuncio previo, el mensaje escrito y la elección de comunicarle el crimen a la madre del niño dejan en evidencia que el objetivo del crimen era causar el mayor daño posible a ella. Esa intencionalidad es clave para comprender la violencia vicaria.

¿Qué es la violencia vicaria?

La violencia vicaria, a veces denominada violencia por sustitución, es una forma de violencia de género en la que un varón agrede a terceros, generalmente hijas e hijos, para dañar psicológicamente a una mujer. No se trata solo de violencia hacia la infancia, sino de una estrategia de castigo dirigida hacia la madre. En estos casos, las hijas y los hijos son utilizados como instrumentos para ejercer poder, control y venganza.

Por eso, se considera una de las expresiones más crueles de la violencia de género, ya que multiplica las víctimas y deja secuelas irreparables. Cabe aclarar que no sólo se da esta violencia con las madres y los hijos, el perpetrador puede elegir cualquier lazo emocional que tenga la mujer, como otros parientes, amigos y hasta sus mascotas.

El mensaje como castigo

En el caso de Coronel Suárez, el mensaje que Suárez envió a su expareja refuerza la lógica de la violencia vicaria. En el mensaje de texto y la subsecuente carta la responsabiliza por la separación, por su mudanza y por sus decisiones personales, y presenta el asesinato del niño como una consecuencia directa de esas elecciones. “Nos vamos con Fran así estás tranquila como lo decidiste, te propusimos que no te vayas a Pigüé y lo hiciste igual, no te importó el amor de tu hijo, así que ahora hacete cargo de tus actos”, arrancó el mensaje.

Culpar a la mujer es un patrón recurrente en la violencia de género: el agresor desplaza la responsabilidad de sus actos hacia la víctima y se autojustifica como alguien que “reacciona” frente a una supuesta provocación. De esta manera el crimen se transforma en un mensaje disciplinador.

La psicóloga clínica y feminista argentina Sonia Vaccaro, quien acuñó el concepto de violencia vicaria, advierte que este tipo de violencia suele intensificarse en contextos de separación, divorcio o cuando la mujer inicia una nueva relación porque es en esos momentos que el agresor percibe una pérdida de control. Según Vaccaro, el maltratador sabe que violentar a los hijos garantiza un sufrimiento permanente en la mujer. “Es una violencia secundaria, cuyo objetivo principal sigue siendo ella”, explica la especialista, que estudia este fenómeno desde 2012.

Denuncias desoídas y responsabilidades institucionales

Un dato central del caso es que la madre del niño había solicitado 2 órdenes de alejamiento, que fueron rechazadas por la Justicia. Acá vemos como la violencia vicaria no ocurre de manera aislada, sino que se ve favorecida por decisiones institucionales que minimizan las denuncias, relativizan los antecedentes de violencia familiar o colocan en un mismo plano a víctimas y agresores bajo la figura de “conflictos parentales”.

Organismos internacionales y especialistas en salud mental advierten que la violencia vicaria provoca daños psicológicos profundos y difícilmente reversibles. Vivir bajo la amenaza constante de que el agresor pueda dañar a los hijos o seres queridos constituye una forma de tortura mental.

Una de las cosas más terribles del caso de Coronel Suárez es que las fuentes judiciales indicaron que en cuanto a la causa no hay mucho más por hacer, ya que el culpable está muerto. Entonces, aunque en muchos casos el agresor se suicide la violencia no se extingue sino que persiste en el trauma, el duelo y la culpa inducida que atraviesan las mujeres que sobreviven.

Nombrar la violencia para prevenirla

En Argentina, cuando la violencia vicaria culmina en el asesinato de hijos u otros seres queridos, se la reconoce como femicidio vinculado. El concepto permite visibilizar que, aunque la mujer no sea la víctima directa del homicidio, el ataque sigue dirigido contra ella. El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad impulsó, en el 2021, una campaña para advertir que “la violencia vicaria existe” y que cuando una madre denuncia y no es escuchada, toda la familia queda expuesta al riesgo.

Leer el caso de Coronel Suárez únicamente como un hecho policial impide comprender su dimensión real. La violencia vicaria es violencia de género, con patrones identificables y señales previas. Nombrarla, visibilizarla y exigir respuestas institucionales es una condición indispensable para prevenir nuevos crímenes.

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