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El comienzo del juicio por el femicidio Cecilia Strzyzowski : entre la memoria, la violencia y la necesidad de justicia

El juicio por el femicidio de Cecilia Strzyzowski comenzó en Chaco con un jurado popular que deberá definir el destino de los Sena. Más de dos años después del crimen, el proceso se convierte en un hito judicial y en una prueba de credibilidad para la Justicia chaqueña.
Justicia por Cecilia-marcha

Comenzó en Chaco el juicio por el femicidio de Cecilia Strzyzowski. Un juicio esperado, controversial y simbólico. Esperado porque, tras más de dos años de investigación, la sociedad reclama que se escuche la verdad y que haya justicia. Controversial porque enfrenta a una de las familias con más influencias de la provincia: los Sena armaron durante años vínculos con la política, los movimientos sociales y el poder económico local. Y simbólico porque el caso de Cecilia excede el crimen atroz de una joven de 28 años. Habla de las violencias que aún atraviesan a las mujeres en Argentina, del silencio que protege a los violentos, y de la necesidad de que el sistema judicial demuestre, esta vez, que nadie está por encima de la ley.

El 2 de junio de 2023, Cecilia ingresó a la casa de los Sena en la calle Santa María de Oro. Una cámara de seguridad la captó por última vez a las 9:16 de la mañana. A partir de ahí, su rastro se desvaneció entre versiones falsas, mensajes manipulados y una maquinaria de encubrimiento que, según la fiscalía, buscó borrar toda evidencia. Fue el inicio de una pesadilla para su madre, Gloria Romero, que desde entonces encarna la lucha más digna: la de exigir justicia cuando todo el sistema parece mirar hacia otro lado.

El principal acusado es César Sena, pareja de Cecilia.

El caso golpeó de lleno a la política chaqueña y nacional. No solo por la brutalidad del crimen, sino por quiénes figuran en el banquillo de los acusados. César Sena, pareja de Cecilia, es señalado como autor material del femicidio. Sus padres, Emerenciano Sena y Marcela Acuña, están imputados como partícipes necesarios. Ambos fueron, durante años, referentes de uno de los movimientos piqueteros más influyentes del norte argentino, con financiamiento estatal, vínculos estrechos con gobiernos provinciales y acceso directo a recursos públicos.

El juicio, que comenzó bajo un fuerte operativo policial y en un clima de hermetismo en torno al jurado, se desarrolla bajo la modalidad de juicio por jurados. Doce ciudadanos chaqueños, sin formación jurídica, serán quienes determinen si los acusados son culpables o inocentes. El pueblo decidirá el destino de quienes alguna vez fueron vistos como intocables.

Entre los acusados también se encuentran los padres de César, Emerenciano Sena y Marcela Acuña.

Cómo se desarrolla el juicio por el femicidio de Cecilia Strzyzowski

Según el cronograma del Poder Judicial del Chaco, las audiencias se extenderán entre el 28 de octubre y el 20 de noviembre, en el Centro de Convenciones Gala de Resistencia, donde se montó una estructura especial con medidas de seguridad excepcionales. La jueza técnica, Dolly Fernández, es la encargada de garantizar el correcto desarrollo del debate, mientras que los fiscales Juan Martín Bogado, Jorge Cáceres Olivera y Nelia Velázquez representarán al Estado. La querella de la familia de Cecilia estará encabezada por Gustavo Briend y acompañada por los abogados de la Subsecretaría de Género y Diversidad de la provincia.

Durante las próximas semanas se escucharán más de 100 testigos, entre ellos policías, peritos, vecinos, exempleados y funcionarios que participaron de la investigación. Se espera que los alegatos finales se desarrollen en la tercera semana de noviembre y que el veredicto del jurado se conozca entre el 20 y el 22 de noviembre. Si los acusados son declarados culpables, la jueza será la encargada de dictar la sentencia en una audiencia posterior, posiblemente antes de fin de mes.

Miles de chaqueños apoyando a la madre de Cecilia por el reclamo de justicia.

Las penas previstas son severas. Para César Sena, acusado de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género, la condena (si es declarado culpable) es prisión perpetua, la pena máxima que contempla el Código Penal argentino. Lo mismo aplica para Emerenciano Sena y Marcela Acuña, imputados como partícipes necesarios del mismo delito, ya que la participación en un crimen de esa gravedad no reduce la escala penal. En tanto, los otros cuatro imputados —Fabiana González, Gustavo Obregón, Gustavo Melgarejo y Griselda Reinoso— están acusados de encubrimiento agravado, delito que contempla penas de entre 3 y 15 años de prisión, dependiendo del grado de colaboración comprobado.

Pruebas del caso

Las pruebas presentadas por la fiscalía son las siguientes: el video que muestra a Cecilia ingresando a la vivienda de sus suegros y no saliendo jamás; los objetos personales quemados hallados en el campo de la familia; las manchas de sangre. Aparte, cabe mencionar los fragmentos óseos encontrados en la «chanchería», rastros que efectivamente fueron comprobados que eran de una persona, pero que se encontraban en tan mal estado que no se logró determinar si pertenecían a Cecilia. La hipótesis general es clara: Cecilia habría sido asesinada, su cuerpo incinerado y sus restos dispersados para borrar cualquier rastro. Pero, aunque el horror conmueva, lo que está en juego en este juicio va más allá de los detalles forenses. Lo que se discute es si en la Argentina de hoy todavía existen feudos de poder capaces de decidir sobre la vida de los otros, especialmente de las mujeres.

La sentencia podría darse a conocer a finales de noviembre.

En los días previos al inicio del debate, Marcela Acuña presentó una denuncia contra fiscales, funcionarios y el gobernador chaqueño, acusándolos de corrupción y pidiendo la nulidad del proceso. Una maniobra que parece más orientada a enturbiar el juicio que a esclarecerlo. La estrategia defensiva de los acusados se sostiene en la victimización, el relato del «complot político» y la negación sistemática. Mientras tanto, Gloria Romero —con la serenidad de quien ya no tiene nada que perder— sigue poniendo el cuerpo y la voz, sosteniendo que su hija no desapareció: fue asesinada.

La causa Cecilia Strzyzowski expuso una trama de poder que va más allá de lo individual. Mostró cómo la política, en su búsqueda de alianzas, muchas veces mira hacia otro lado ante los abusos. Y mostró, sobre todo, que la violencia machista no se detiene y sigue presente en todos los estratos de la sociedad. Por eso, este juicio no puede ser leído solo como la historia de un femicidio, sino como una oportunidad para interpelar nuestras propias complicidades y silencios.

«Nada me va a devolver a mi hija, pero quiero que la piensen como una persona, no como una bolsa de basura», declaró Gloria Romero, madre de Cecilia. 

Gloria Romero lo dijo con crudeza: «Nada me va a devolver a mi hija, pero quiero que la piensen como una persona, no como una bolsa de basura». Esa frase, sencilla y brutal, condensa la esencia del reclamo. En un país donde cada 30 horas una mujer es asesinada por razones de género, la búsqueda de justicia por Cecilia es una forma de resistencia. Un llamado a que el dolor no se normalice, a que el Estado deje de fallar, a que la sociedad no se acostumbre.

El juicio recién comienza. Serán semanas intensas, de testimonios y revelaciones, de intentos de manipulación y de momentos de verdad. Pero, pase lo que pase, algo ya cambió: la voz de Gloria, amplificada por miles, rompió el pacto de silencio que protegía a los poderosos. Y aunque la justicia tarde, aunque el dolor no se apague, el nombre de Cecilia Strzyzowski ya se convirtió en emblema. Un emblema de memoria, de coraje y de lucha contra la impunidad.

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