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Organizarnos para sobrevivir: el grito colectivo ante la barbarie femicida en Argentina

En un contexto de negacionismo estatal y discursos de odio en ascenso, Argentina atraviesa una crisis de violencia machista que deja una víctima cada 28 horas. Frente al desmantelamiento de políticas públicas y el avance del odio organizado, los feminismos vuelven a responder con su mayor fuerza histórica: la organización colectiva.
Femicidios en alza y políticas en retroceso: Mumalá exige respuestas al Estado en Misiones
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Una mujer es asesinada cada 28 horas, esta no es solo una estadística; es el pulso de una emergencia que atraviesa Argentina. La violencia machista, alimentada por discursos de odio y un creciente abandono estatal, nos obliga a mirarnos y a actuar. Frente a quienes miran para otro lado o señalan, la respuesta es históricamente la misma: organizarnos. Hoy, esa organización no es una opción, es una respuesta para dar batalla.

Los nombres detrás de las cifras

La realidad golpea con una brutalidad que lejos de paralizarnos nos genera movimientos. En lo que va de 2025, la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) registró 196 femicidios. Solo en la primera quincena de octubre, fueron 12 mujeres y un transfemicidio. La escalada es innegable y tiene nombres, geografías y heridas que son de toda la sociedad:

  • Bahía Blanca: Adriana Velázquez y su hija, Mariana Bustos, calcinadas en su propia casa.
  • Entre Ríos: Daiana Mendieta, hallada sin vida tras una búsqueda desesperada.
  • Neuquén: Azul Semeñenko, encontrada en un canal después de tres semanas desaparecida.
  • Florencio Varela: Lara Gutiérrez (15), y sus primas Brenda del Castillo y Morena Verdi (20), asesinadas con una brutalidad mafiosa que expone la trama del narcotráfico en los barrios.
  • Formosa: Una niña que muere en un hospital con signos de abuso sexual.

Esto son solo por nombrar algunos casos, no son hechos aislados; son el resultado de una cadena de violencias.

En lo que va de 2025, la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá) registró 196 femicidios.

La raíz del odio: abandono estatal y violencia organizada

Esta oleada feroz no surge de la nada, se nutre de un paradigma que niega la existencia misma de la violencia de género, como lo demostró el Gobierno actual al ser el único país en no firmar las políticas de la ONU para eliminarla. Este negacionismo se traduce en el desmantelamiento de políticas públicas y en un mensaje de impunidad para los violentos.

Peor aún, vemos cómo la misoginia se organiza. El caso de Pablo Laurta, fundador del grupo machista «Varones Unidos» y acusado del doble femicidio de su expareja y su suegra, es emblemático. Este mismo individuo promovió en Uruguay, junto a figuras de la ultraderecha, leyes que revinculan a abusadores con sus hijos, bajo la premisa de que la violencia contra la mujer no es violencia directa contra la infancia.

Estos «hijos sanos del patriarcado», impulsados desde sectores del poder ejecutivo y judicial, no solo perpetran la violencia física, sino que construyen el andamiaje cultural y legal para justificarla. A esto se suman herramientas como el blanqueo de capitales sin condiciones, que facilitan el avance del narcotráfico, un sistema que utiliza los cuerpos de las mujeres como territorios de disputa y descarte.

Este negacionismo se traduce en el desmantelamiento de políticas públicas y en un mensaje de impunidad para los violentos.

Una década de lucha: Ni Una Menos

Hace diez años, el grito de Ni Una Menos partió en dos la historia del país. Millones de personas en las calles marcaron un punto de no retorno, encendiendo un fuego que logró conquistas impensadas. Ese movimiento, que nació en las redes y se hizo carne en las plazas, nos enseñó que juntarnos es fundamental.

Sin embargo, el camino fue arduo, la institucionalización de la agenda de género y la posterior retracción durante la pandemia nos dejaron en una nueva intemperie. Hoy, sin la protección estatal que tanto costó conseguir, volvemos a los pilares fundamentales: nuestra organización en espacios políticos, sociales y territoriales. La marea verde fue criminalizada y atacada, pero su red sigue viva, lista para dar todas las batallas necesarias.

La marea verde fue criminalizada y atacada, pero su red sigue viva, lista para dar todas las batallas necesarias.

La salida es colectiva

La violencia letal por motivos de género, manifestada en femicidios, transfemicidios e infanticidios, constituye una problemática estructural que lacera de forma permanente el tejido social. Cada una de estas muertes, así como toda vulneración de los derechos fundamentales, evidencia un fracaso del pacto social y perpetúa un ciclo de vulnerabilidades. En consecuencia, la responsabilidad de su erradicación no debe recaer exclusivamente en los movimientos activistas, sino que interpela a la totalidad de la sociedad, incluyendo a aquellos sectores que han permanecido como observadores pasivos.

Aprender a detectar desde la más mínima alarma, romper con las herencias de silencio y abandono, y entender que la indiferencia es complicidad, son tareas de todos. Desde la comunicación y la investigación social, es indispensable una mirada crítica que evite la polarización y nos permita entender las grietas de este sistema para poder sanarlas.

En Formosa, como en cada rincón del país, la respuesta ya está en marcha

En Formosa, como en cada rincón del país, la respuesta ya está en marcha. Frente al ajuste y la violencia, la Colectiva Transfeminista convoca a una asamblea abierta este viernes 31 de octubre a las 20 horas en ATE (Fotheringham 658). Porque mientras el poder nos desprotege, la única certeza es cuidarnos entre nosotras, nosotros y nosotres.

La violencia patriarcal nos encuentra más organizadas que nunca. Y no vamos a parar hasta que no falte ni una más, exigiendo la declaración de Emergencia Nacional en Violencia de Género, el Estado es responsable.

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