Durante meses y en cada entrevista y cadena nacional, Javier Milei repitió, orgulloso y como un mantra que había “terminado con la inflación”. Dijo que su Ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, era un héroe, un genio y que había conseguido algo que ningún otro gobierno logró. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho y hoy por hoy, la inflación minorista lleva 6 meses consecutivos en alza y, según el sector mayorista, el índice de octubre “se acercará más al 3% que al 2%”.
Esto sucede a la par que el poder adquisitivo de los salarios cayó en picada, el consumo está en mínimos históricos y el propio INDEC prepara una nueva fórmula de medición para 2026, luego de un año y medio donde sus métricas son cuestionadas como imposibles. Entonces, lo que Milei presenta como éxito económico parece más bien una ilusión estadística. Y, aún peor, una trampa política.
Un número que no dice nada
En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió un 2,1%, la cifra más alta desde abril. El problema es que, en Argentina, la inflación superó el 200% en los primeros 15 meses de gestión, equivalente a un 13% mensual, según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA). Entonces, ese 2,1% suena bajo, pero, ¿respecto a qué?
Respecto al shock inflacionario que el propio Gobierno Nacional generó. Apenas asumido, Milei devaluó el peso en más de un 100%, liberó precios y desmontó controles, lo que terminó en una espiral inflacionaria brutal. Es por eso que desde entonces, los incrementos mensuales se ven más chicos, pero porque la devaluación ya ocurrió. El “éxito” es relativo: el Gobierno Nacional festeja que el fuego quema menos, pero se olvida quién lo encendió.
Otro problema grave para este relato es que, más allá del dato técnico, la gente no lo siente. Los precios suben, los salarios no acompañan y se hace casi imposible llegar a fin de mes. Según el informe de CIFRA, los ingresos reales de trabajadores y jubilados se desplomaron durante el primer año y medio del gobierno libertario. Las paritarias quedaron atrás, las pensiones se congelaron y el empleo formal se estancó. Además, la Cámara de Distribuidores Mayoristas (CADAM) detecta grandes caídas del consumo, por ejemplo las ventas por el Día de la Madre cayeron 3,5% interanual.
#DatoINDEC
Los precios al consumidor (#IPC) aumentaron 2,1% en septiembre de 2025 respecto de agosto y acumularon un alza de 22% en los últimos nueve meses https://t.co/z8pxJaAazE pic.twitter.com/y0Z0iK1oVJ— INDEC Argentina (@INDECArgentina) October 14, 2025
La inflación que no importa
Hoy en día, este escenario de desempleo, pobreza y desindustrialización es muy parecido al menemismo noventero que Milei tanto admira, pero en ese entonces el Gobierno sí pudo mantener su popularidad. Su secreto fue la sensación de estabilidad que trajo el 1 a 1. Milei no pudo dolarizar ni asegurar algo parecido, pero sabe que mientras la inflación oficial se mantenga debajo del 2% mensual, va a poder exhibir eso como un logro frente a su electorado más fiel, el del 30%.
Ese grupo, prefiere un Estado achicado y un dólar “tranquilo” antes que salarios dignos o empleo formal. Es su núcleo duro, el que justifica cualquier ajuste si el INDEC lo bendice con un número bajo. Pero hay otro medidor que importa en el resto de los votantes y es la heladera. El problema es que en la heladera hay cada vez hay menos cosas.
El vicepresidente de CADAM, Armando Farina, explicó que: “el consumo cayó mucho en los cordones del conurbano. Hay mucho trabajo informal y los sueldos no han ajustado al mismo ritmo que las paritarias”. Según el propio sector, en una botella de aceite el 85% del valor responde al precio del dólar. Y el dólar, pese a los esfuerzos oficiales, vuelve a dispararse día tras día a pesar de los esfuerzos del Gobierno Nacional y el de Estados Unidos.
La trampa de la medición
Algo que llama la atención es que el propio INDEC admitió que en enero de 2026 cambiará la fórmula de cálculo del IPC, después de llevar 18 meses usando un esquema desactualizado del año 2004. La actualización había sido aprobada por el FMI hace más de un año, pero fue postergada deliberadamente por el Gobierno. ¿La razón? Si se aplicaba, los tarifazos en servicios públicos habrían mostrado una inflación mucho más alta.
Ahora, el INDEC asegura que la nueva metodología va a “garantizar coherencia clasificatoria y comparabilidad internacional”. Lo que significa que el índice actual no refleja el costo de vida (que cambió mucho desde el 2004) y lo que se mide hoy es una canasta congelada en el tiempo, para evitar mostrar el impacto real de los servicios, la energía, los alquileres y los alimentos. El cambio se implementará recién después de las elecciones de 2025. Una coincidencia demasiado oportuna.
Déjà vu neoliberal
Muchos ya conocemos esta película. En los ’90, el menemismo sostenía el relato de la estabilidad mientras el país se vaciaba. Hoy, el mileísmo celebra su “inflación controlada” mientras el Estado se desmantela. Las privatizaciones avanzan, las industrias cierran, los salarios se licúan y los dólares del FMI y de Estados Unidos son la única respiración artificial de una economía asfixiada.
En aquel entonces, la estabilidad duró lo que duró el crédito externo y la paciencia social. Cuando ambas se agotaron, vino el estallido de 2001. Hoy, el plan libertario se sostiene con un puñado de swaps financieros, una montaña de deuda y un pueblo agotado. El FMI también tuvo que salir a recalcular. En su reporte económico, el organismo precisó que prevé que los precios al consumidor aumenten 41,3% en 2025 y 16,4% en 2026, mientras que en abril había estimado 35,9% y 14,5%, respectivamente.
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Los precios mayoristas aumentaron 3,7% en septiembre de 2025 respecto del mes previo y 24,2% interanual: los nacionales, 3,3%; y los importados, 9% https://t.co/cclagNYTsH pic.twitter.com/DrSvvg8oQF— INDEC Argentina (@INDECArgentina) October 16, 2025
La trampa ideológica
Hasta hoy sucede que el Gobierno Nacional confunde inflación con estabilidad, y estabilidad con parálisis. Por eso celebra un 2% mensual mientras los precios mayoristas suben 3,7%, los servicios públicos aumentan más del 3%, y el salario real pierde cada mes poder de compra.
Pero el repunte de septiembre y octubre marca el fin de la desinflación como bandera. Lo que durante un año fue el principal argumento del Gobierno, la prueba de que “el rumbo era el correcto”, ahora se cae a la par de la economía real.
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