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Cómo evitar caer en estafas digitales: claves del taller de ciberseguridad en Formosa

En el taller “Ciberseguridad práctica: claves para prevenir estafas y proteger tus datos”, organizado por la Agencia de Desarrollo Empresarial (ADE) y el Banco Formosa, especialistas explicaron cómo operan los fraudes digitales más comunes y brindaron recomendaciones sencillas para resguardar información personal y bancaria. La capacitación resaltó que la prevención no es un asunto técnico, sino una práctica ciudadana que empodera a toda la comunidad frente a un entorno digital cada vez más riesgoso.
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El 1 de octubre, la Agencia de Desarrollo Empresarial (ADE) y el Banco Formosa organizaron el taller «Ciberseguridad práctica: claves para prevenir estafas y proteger tus datos», una propuesta abierta a emprendedores, empresas y público en general. A primera vista, podría parecer una jornada más de capacitación; sin embargo, lo que allí se abordó toca un aspecto crucial de nuestra vida moderna: la seguridad en el mundo digital, un terreno en el que todos estamos expuestos, aun sin darnos cuenta.

La conectividad ha transformado profundamente nuestra vida cotidiana. Hoy operamos cuentas bancarias desde el celular, compramos productos online, gestionamos trámites estatales en plataformas digitales y compartimos datos personales en redes sociales. En ese contexto, la ciberseguridad dejó de ser un asunto exclusivo de especialistas para convertirse en una responsabilidad ciudadana. Lo que está en juego ya no es solamente el dinero, sino también la identidad digital: quiénes somos en línea, qué rastros dejamos y cómo pueden otros utilizarlos en nuestra contra.

Los especialistas exponentes, Luis Echeverría y Eliseo Larroza, analistas del Departamento de Ciberseguridad del Banco Formosa, insistieron en un punto básico pero fundamental: las claves son confidenciales y nunca deben compartirse, aún con personas de confianza. Puede sonar obvio, pero la práctica demuestra lo contrario: muchísimos casos de estafas comienzan con ese descuido.

La ingeniería social: la trampa invisible

Uno de los conceptos más importantes abordados fue el de ingeniería social, que no se trata de un virus informático ni de un sofisticado software malicioso, sino de una estrategia de manipulación psicológica. Los delincuentes apelan a la urgencia, al miedo o incluso a la buena voluntad de las personas para que ellas mismas entreguen información sensible.

Un correo electrónico que anuncia un bloqueo de cuenta, un SMS que advierte sobre una supuesta deuda, una llamada ofreciendo un beneficio inexistente o un link enviado con la promesa de “ayuda” son solo algunos ejemplos. La persona, bajo presión, actúa rápido y termina abriendo la puerta al fraude. Como bien recordó Echeverría: «Siempre sospechar de mensajes urgentes o demasiado buenos para ser reales».

En este punto radica la clave del taller: no se trata de culpabilizar a las víctimas. Cualquiera puede caer, incluso personas formadas en el ámbito tecnológico. La clave está en reconocer los mecanismos que utilizan los estafadores y, a partir de allí, desarrollar hábitos de autoprotección.

Los especialistas en ciberseguridad advirtieron que cualquiera puede ser víctima de una estafa virtual.

Sitios falsos y buscadores poco confiables

Un aspecto particularmente sensible es el uso de buscadores (como por ejemplo Google) para acceder a servicios bancarios o estatales. Los ciberdelincuentes pagan publicidad para que sus páginas falsas aparezcan en los primeros resultados, simulando ser el sitio oficial. Quien está apurado, escribe «Home Banking Banco Formosa» por citar un ejemplo, y termina ingresando en una página fraudulenta que copia la estética del banco real.

La recomendación es clara: escribir directamente la dirección oficial en el navegador (por ejemplo, www.bancoformosa.com.ar) o utilizar únicamente las aplicaciones descargadas de canales oficiales como Google Play o App Store. Parece un detalle menor, pero esa práctica puede ser la diferencia entre la seguridad y el robo de datos bancarios.

El taller fue destinado a emprendedores, empresas y público en general.

Errores comunes que todos podemos cometer

Los especialistas fueron categóricos: no se trata de «errores de usuarios desprevenidos». El entorno digital es diseñado para captar nuestra atención y apelar a nuestras emociones. De allí que cualquiera, incluso personas con estudios y experiencia, pueda ser víctima de un engaño.

Los «errores» más frecuentes son:

  • Descargar archivos adjuntos o aplicaciones de fuentes no verificadas.
  • Responder llamadas de desconocidos que piden información urgente.
  • Confiar en links enviados por WhatsApp o correo electrónico.
  • Compartir datos sensibles (claves, usuarios, tokens) con terceros.

En todos los casos, la regla es la misma: si algo genera sospecha, cortar la comunicación y contactar directamente al banco u organismo en cuestión.

Estar prevenidos es estar empoderados

La ciberseguridad, más que un conjunto de técnicas, es un ejercicio de ciudadanía digital. Cada acción preventiva —no compartir claves, verificar URLs, instalar aplicaciones seguras, desconfiar de urgencias sospechosas— fortalece nuestro rol como usuarios responsables y reduce las posibilidades de fraude.

Larroza destacó que la capacitación no busca infundir miedo, sino empoderar a la sociedad con información. Reconocer un «troyano», entender qué es un «spyware» o identificar un intento de phishing no convierte a nadie en especialista, pero sí permite reaccionar de manera más consciente.

Tres claves para no olvidar

El taller resumió la enseñanza en tres grandes módulos que pueden servir como guía para cualquier persona:

  • Operar de manera segura en los canales digitales. Esto implica ingresar a sitios oficiales, actualizar periódicamente contraseñas y evitar conexiones desde redes WiFi públicas para transacciones sensibles.
  • Conocer las modalidades de fraude más comunes. Desde llamadas falsas hasta páginas clonadas, el primer paso para defenderse es saber reconocer las trampas.
  • Saber qué hacer si ya fuimos víctimas. Denunciar inmediatamente, cortar accesos, contactar al banco y, si corresponde, realizar la denuncia policial. Actuar rápido puede limitar los daños.

Una cuestión cultural y colectiva

La ciberseguridad no puede reducirse a un problema técnico ni individual. Es también un asunto cultural y colectivo. Así como aprendimos a mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, también debemos aprender a verificar la autenticidad de un correo antes de hacer clic.

En este sentido, el aporte de instituciones como el Banco Formosa y la Agencia de Desarrollo es fundamental. No basta con que los bancos refuercen sus sistemas internos; se necesita que la sociedad en su conjunto adquiera hábitos de autoprotección. La prevención digital debe ser parte de la educación ciudadana, desde la escuela hasta el ámbito laboral. Como señaló uno de los expositores, «la seguridad empieza en nosotros mismos». Debemos reconocer que cada clic, cada clave compartida y cada mensaje respondido tiene consecuencias.

La buena noticia es que la prevención está al alcance de todos. Adoptar pequeñas rutinas de cuidado —no compartir contraseñas, verificar la autenticidad de los sitios, desconfiar de mensajes urgentes— es un paso enorme hacia la seguridad digital. La jornada del 1 de octubre en Formosa fue un recordatorio claro: la ciberseguridad no es opcional, es parte de la vida cotidiana. Y solo si asumimos esa responsabilidad colectiva podremos enfrentar, con mayor fortaleza, los desafíos de un mundo cada vez más conectado.

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