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Medicina Social: el legado de Favaloro y Maradona frente al desguace de la salud pública

En el Día Nacional de la Medicina Social, el legado de René Favaloro y Esteban Maradona interpela al presente: mientras el gobierno de Javier Milei desmantela la salud pública, crece la resistencia de quienes siguen creyendo que curar es un acto de justicia social y no un "curro".
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Hoy, 12 de julio, se conmemora el Día Nacional de la Medicina Social y una vez más, la figura ética y profesional del doctor René Gerónimo Favaloro emerge en medio del brutal ajuste del gobierno de Javier Milei. A su lado, como una sombra firme y solidaria, se alza también el legado del gran doctor Esteban Laureano Maradona, el médico rural que dedicó su vida entera a los pueblos originarios y llevar la medicina a los rincones más recónditos de Formosa.

En este día, mientras celebramos la fecha en que nació René Favaloro en una casa humilde de La Plata, el Gobierno Nacional, con Javier Milei a la cabeza y Mario Lugones como verdugo, intenta desmantelar lo que va quedando del sistema público de salud. El Instituto Nacional del Cáncer, varios hospitales SAMIC y organismos fundamentales como el Instituto Nacional de Enfermedades Cardiovasculares o el Instituto de Medicina Tropical están siendo vaciados o directamente cerrados. En paralelo, médicas, médicos, residentes y personal sanitario son despedidos o perseguidos por organizarse.

René Favaloro, inventor de la técnica del bypass coronario.

¿Qué es la medicina social?

La medicina social (o salud colectiva, como prefieren llamarla autores como Jaime Breilh)  es un campo que pone el foco en los determinantes sociales de la salud. No se trata solamente de curar enfermedades, sino de entender por qué las personas se enferman. Se trata del acceso al agua potable, a una vivienda digna, a una alimentación suficiente, a condiciones de vida y de trabajo saludables. Es una concepción que articula la medicina con la justicia social.

Por eso es importante destacar que Favaloro, además de ser un pionero en cirugía cardiovascular, fue un militante del humanismo médico. En sus años como médico rural en Jacinto Aráuz (La Pampa), logró reducir la mortalidad infantil y las infecciones en partos a través de campañas sanitarias y educación popular. Nunca se conformó con atender síntomas: quiso sanar a las comunidades.

La medicina social no es una abstracción académica ni una moda ideológica. Es, como lo planteó Favaloro en cada una de sus cartas, gestos y coherencia, la única forma humana de entender la medicina: como un derecho, no como una mercancía. En un Gobierno Nacional donde la pobreza estructural avanza al ritmo de recortes salvajes, despidos masivos y cierre de instituciones sanitarias, hablar de salud colectiva es hablar de resistencia.

Favaloro: el doctor que curaba con ciencia y conciencia

René Favaloro entendió que la medicina debía tener alma, así lo dice en una de sus frases célebres: “La medicina sin humanismo médico no merece ser ejercida”. En 1967, desarrolló el bypass coronario, técnica revolucionaria que salvó millones de vidas. Pero su verdadero sueño era construir una medicina nacional, equitativa, de excelencia científica pero también profundamente solidaria. Por eso regresó a la Argentina en 1971, dejando atrás una carrera consolidada en Estados Unidos, y fundó la Fundación Favaloro.

Fue ahí donde formó a cientos de profesionales, muchos de ellos provenientes de las provincias más postergadas del país. Quería que cada rincón del país tuviera acceso a la medicina de alta complejidad. No lo movía el “mercado”, sino la ética. Su muerte, en el año 2000, fue una denuncia tan potente como su vida. Se pegó un tiro en el pecho después de años de ser ignorado. “Estoy cansado de ser un mendigo en un país de miserables”, escribió en una de sus cartas finales.

Esteban Laureano Maradona fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo, autor de obras científicas sobre antropología, flora y fauna. Lo conocían por ser el “médico de los pobres”.

Maradona: el médico que se quedó con los que nadie quería ver

Esteban Laureano Maradona representa la otra cara de la medicina social: la del médico que se remanga, se mete en el monte y no se va más. Tras participar como camillero en la Guerra del Chaco, llegó por accidente a Estanislao del Campo en Formosa. Desde entonces, pasó más de medio siglo, sin cobrar honorarios, luchando contra enfermedades endémicas y fundando escuelas.

Lo apodaron “Piognak”, que en pilagá significa “Doctor Dios”. Pero él prefería hablar de humildad, de hacer el bien y nada más. Rechazó premios, cargos y homenajes. Se entregó sin condiciones a los pueblos originarios de la provincia. “Vivir en austeridad no es renunciar a uno mismo, es realizarse íntegramente como hombre”, decía.

Maradona tuvo muchas cosas en común con Favaloro, lastimosamente, hoy en día comparten que su legado sea pisoteado por un Estado Nacional que dictamina que solamente pueden tener salud quienes tengan el dinero suficiente. Las poblaciones más vulnerables (las que Maradona defendió con su vida) son nuevamente las más castigadas por el ajuste.

Milei: la motosierra contra la salud pública

El brutal ajuste que hizo el Gobierno de Javier Milei parece cada vez más ideológico. La Libertad Avanza concibe la salud como un bien de mercado, por eso, los hospitales públicos se vacían, los institutos nacionales se disuelven, los residentes dejan de ser considerados trabajadores, y los medicamentos esenciales para pacientes oncológicos se dejan de comprar. Mientras tanto, las grandes empresas de salud privada celebran en silencio.

El Ministro de Salud, Mario Lugones, es un histórico empresario del rubro. Fundador del Sanatorio Güemes, ligado a Silver Cross America Inc., su gestión está cruzada por conflictos de intereses. Lugones pretende centralizar las compras, licitaciones y manejo financiero de hospitales como el Garrahan, el Posadas o el Sommer desde una “unidad organizativa” diseñada para facilitar negociados. Su estrategia para que la gente acompañe la quita de derechos es acusar a profesionales esenciales de “noquis”.

La salud en peligro

Todas estas son decisiones. Detrás de cada decreto hay una ideología: la del mercado por sobre la vida, la del lucro por sobre el derecho. Y en esa lógica, la medicina social estorba. Porque exige justicia, participación ciudadana, equidad, inclusión. Todo lo que este modelo neoliberal quiere borrar. Frente al avance del vaciamiento, los trabajadores y trabajadoras de la salud comenzaron a resistir. Paros, asambleas, movilizaciones como la que se prepara para el 17 de julio son necesarias para no caer en un “sálvese quien pueda”.

Este 12 de julio no alcanza con recordar, es necesario actuar. La medicina social no puede ser un simple homenaje nostálgico. Debe ser una bandera de lucha. Porque la salud no puede depender del poder adquisitivo. Porque nadie debería morir por no poder pagar una consulta o un medicamento.

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