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El peronismo se impone como primera minoría en la Legislatura porteña tras la división de la derecha

Aunque La Libertad Avanza fue el partido más votado, la dispersión del voto oficialista le permitió al peronismo quedarse con la mayor cantidad de bancas en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
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Las elecciones legislativas en la Ciudad de Buenos Aires celebradas este domingo marcaron un hito en la historia política del distrito más emblemático del PRO. Por primera vez desde su irrupción en la escena porteña, el macrismo no sólo no logró imponerse, sino que quedó relegado al tercer lugar, en una elección marcada por la baja participación (53,3%) y una fuerte fragmentación del voto de derecha.

El gran beneficiado de este nuevo tablero fue el peronismo, representado por Unión por la Patria, que se consolidó como la primera minoría en la Legislatura porteña. Con 20 bancas, el bloque liderado por Leandro Santoro se convierte en el actor central para cualquier acuerdo político que requiera mayoría en el recinto.

Aunque el vocero presidencial Manuel Adorni, de La Libertad Avanza, se impuso en la elección con el 30,14% de los votos, la dispersión del voto oficialistas entre libertarios, macristas y larretistas impidió una acumulación efectiva de poder en el cuerpo legislativo. La Libertad Avanza logró 13 bancas, mientras que el PRO, liderado por Silvia Lospennato, quedó con apenas 11. Se trató de la peor elección del macrismo en la Ciudad desde su fundación hace dos décadas.

La derrota histórica del PRO

El derrumbe del PRO fue tan estrepitoso como simbólico. No ganó en ninguna de las 15 comunas de la ciudad y obtuvo apenas el 15,93% de los votos. Una caída libre que marca un antes y un después para la fuerza fundada por Mauricio Macri, que durante 16 años dominó sin fisuras la política porteña.

La figura de Silvia Lospennato, impulsada personalmente por Macri, no logró despertar entusiasmo en el electorado. Con apenas 260.000 votos, quedó tercera detrás de Santoro y Adorni. El resultado marca el final de una era para el macrismo, que ahora debe replantear su identidad y alianzas para no volverse irrelevante en el nuevo escenario.

La interna con Horacio Rodríguez Larreta también pasó factura. El exjefe de Gobierno se presentó con su propio sello, “Volvamos Buenos Aires”, y obtuvo el 8,08%, logrando ingresar con tres bancas. Si bien no fue un resultado significativo en términos numéricos, contribuyó a la fragmentación del voto que terminó beneficiando al peronismo.

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Con los resultados de las elecciones, La Libertad Avanza logró meter 11 legisladores, mientras que el peronismo logró 10.

Un nuevo mapa legislativo

La Legislatura porteña a partir del 10 de diciembre tendrá una configuración inédita. Unión por la Patria será el bloque con mayor cantidad de escaños, con 20 legisladores. Le siguen La Libertad Avanza, con 13, y el PRO, con 11. Luego vienen Volvamos Buenos Aires, con 3 bancas, y el Frente de Izquierda, que conservará 2 bancas tras perder una.

El bloque de Unión por la Patria logró mantener las 8 bancas que tenía en juego y sumar dos más, un resultado que no sólo refleja una buena performance electoral en un territorio tradicionalmente adverso, sino también un capital político que puede traducirse en mayor capacidad de influencia legislativa.

La Libertad Avanza, en tanto, conservó las 6 bancas que ponía en juego y ganó 5 más, llevando su total a 13. Si bien fue el espacio más votado, su presencia legislativa queda por debajo del peronismo, lo que limita la posibilidad de imponer iniciativas sin negociar.

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Se rompió la mayoría automática del PRO y el peronismo será mayoría en la legislatura porteña.

El PRO, por su parte, perdió una banca respecto a las que ponía en juego y se estancó en 11. El dato más doloroso para el macrismo fue no haber ganado ninguna comuna, algo que no había ocurrido ni siquiera en sus peores momentos. El liderazgo de Macri queda golpeado, al igual que su estrategia de reconfiguración de la derecha desde la alianza con Javier Milei.

Un dilema para la derecha

La fragmentación del voto oficialista no sólo perjudicó al PRO. También dejó en evidencia la dificultad que tienen las distintas expresiones de la derecha para articular una propuesta común. Con tres bloques (La Libertad Avanza, PRO y Volvamos Buenos Aires) que suman entre sí 27 bancas, el desafío será encontrar mecanismos de coordinación para no quedar subordinados a la agenda del peronismo.

La necesidad de una alianza entre el macrismo y los libertarios se vuelve casi inevitable si pretenden disputar la conducción política en la Ciudad. Pero esa unión está lejos de ser sencilla. Las diferencias ideológicas y personales entre Macri, Milei y Larreta son profundas, y se reflejaron con crudeza durante la campaña.

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La Libertad Avanza reemplaza al PRO como fuerza política mientras el peronismo gana más distritos.

Además, la escasa disciplina partidaria que caracteriza a los bloques libertarios y la vocación de autonomía de figuras como Adorni, dificultan cualquier acuerdo de gobernabilidad estable. Sin un liderazgo claro, el espacio opositor corre el riesgo de quedar atrapado en una lógica de bloqueo mutuo.

Una Legislatura más abierta

La nueva configuración legislativa augura un escenario de mayor negociación y menos verticalismo. Ya no habrá una mayoría automática como ocurría durante los años dorados del PRO. El peronismo, con sus 20 bancas, tiene ahora un rol central, pero también deberá construir consensos si quiere avanzar en leyes clave.

La posibilidad de alianzas transversales, incluso con sectores larretistas o de la izquierda en temas puntuales, abre una oportunidad para una política más deliberativa. No será sencillo, en un contexto nacional marcado por la polarización y el discurso de confrontación permanente. Pero al menos en la Legislatura porteña, la matemática parlamentaria obliga al diálogo.

Participación baja, legitimidad en juego

La elección estuvo marcada por una participación inusualmente baja: apenas el 53,3% del padrón acudió a las urnas. Se trata de un número muy por debajo del promedio histórico en la Ciudad, donde las elecciones legislativas suelen movilizar entre el 69 y el 85% del electorado.

Este dato, que se repitió en otras provincias que desdoblaron sus comicios, como Chaco o San Luis, plantea un desafío adicional para la legitimidad de los gobiernos electos. La desconexión entre los dirigentes y una ciudadanía cada vez más apática puede convertirse en un obstáculo serio para la gobernabilidad.

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